Vietnam, te amo (2): Bebiendo un ca phe trung me acuerdo de Roger Wolfe

Tras un reponedor descanso, dejamos atrás el Hotel Majestic y enfilamos por Nguyen Hue.

Enseguida presenciamos la primera excentricidad del día: The Cafe Apartments: un edificio de nueve plantas en el que la fachada de cada apartamento exhibe un local comercial diferente. Algo así como una colmena de diminutas cafeterías.

Saigón, ocho de enero del año de gracia y del conejo en China, del gato en Vietnam, de dos mil veintitrés de nuestra era.

Al final de la calle, una fuente con forma de cáliz y la estatua de Ho Chi Ming preceden el Ayuntamiento, un edificio amarillo con columnas blancas y estilo colonial.

Allá por donde se transite, las aceras padecen un sarampión de banderas nacionales y comunistas. Acaben con el comunismo, muchachos. Abrazar. Paz.

Un chaflán circular con franjas ocre claro y verdes y un letrero blanco asaeteado por las churriguerescas tildes vietnamitas: Cong Caphe. Una franquicia que encontraré en más puntos del país.

Si yo viviese en Saigón —pienso—, éste sería mi Pepe Botella.

La réplica de la Catedral de Notre-Dame, entablillada por andamios en su totalidad, es una película porno de Canal Plus en la que la imaginación trata de subvertir la tiranía del codificador.

María tiene un caniche toy que se llama Enriqueta. Vietnam está lleno de Enriquetas.

En el edificio de Correos compro un juego de postales para mi amigo Óscar, cuya mujer las colecciona. Afuera, unos niños nos formulan preguntas. Hablamos con ellos. Nos hacemos fotos.

Una bonita calle con libros y cafeterías. Entre los libros en lengua inglesa distingo Deep work, de Cal Newport. Me acuerdo de mi amigo Bernardo Luis.

Un vietnamita duerme tumbado sobre su moto.

Caminata y visión tan obligada como fugaz del Palacio de la Reunificación.

Me topo con un bistró llamado Heart of Darkness. Me acuerdo de Rafael García Maldonado, afecto a Conrad.

En Nha Hang Ngon, restaurante amplio y estiloso, comemos pad thai y otras viandas de la gastronomía local.

En minúsculos puestos callejeros venden naranjas verdes. ¿Las venden o son de adorno? ¿Son naranjas?

Apuramos el día en una agradable, recoleta, bohemia cafetería llamada Little Hanoi. Es el lugar que he elegido para probar el tantas veces conjeturado, imaginado, soñado café con huevo, una especialidad autóctona. Es similar al café bombón pero la leche condensada se bate junto a yema de huevo y la espesa mezcla se vierte sobre el café colado. Me acuerdo de Roger Wolfe, con quien suelo compartir la ingesta de café bombón, y le deseo pueda probar alguna vez tan singular ambrosía.

Junto a una piscina de azul oscuro iluminado contemplamos la noche desde la azotea de The Myst Dong Khoi y disfrutamos del mullido asombro con que la lejanía obsequia a los fugitivos.

2023-01-22

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