Crónicas egipcias (1): Todos los caminos conducen a Keops

Si me dan a elegir entre tú y mis ideas, me quedo con Egipto.

A Egipto he querido ir desde pequeño, pero el deseo se convirtió en pasión —y, por tanto, en necesidad— cuando, siete u ocho años atrás, tuve noticia del documental Khéops révélée, donde el arquitecto Jean-Pierre Houdin expone su hipótesis sobre la construcción de la Pirámide de Keops. Si no hubiera visto este documental no habría podido recomendárselo a María, por lo que es posible que no le hubiera pedido su número de teléfono para enviarle un enlace al mismo y ahora yo estaría saliendo con la disparatada Jennifer y ella con el homologado Bosco. Todo encaja. El círculo se cierra. Todos los caminos conducen a Keops.

Nuestra intención primigenia es viajar a Dubái. Me compro la guía de viaje. Pero allí andan muy tiquismiquis con el asunto de las PCR y ahora mismo no estamos para aguantar ese tipo de tonterías. De modo que ponemos el punto de mira en Costa Rica. Me compro la guía de viaje. Durante semanas consideramos seriamente dicho destino, pero la idea no termina de cristalizar. Entonces, tras la breve prospección parisina y sin mayores cábalas, decidimos marcharnos a Egipto. Me compro la guía de viaje.

Las noticias de atentados a turistas que nos llegaron en el pasado unidas a que se nos antoja un periplo de complicada logística nos llevan a contratar los servicios de una agencia de viajes.

El paquete, que resulta ser un estándar ofertado por múltiples agencias, incluye el vuelo Madrid-Lúxor, cuatro días de crucero hasta Asúan con diversas paradas y visitas a tumbas y templos, vuelo a El Cairo y tres noches de estancia en la capital.

He venido preparado. He tomado decisiones con firme intención estética: me he comprado una sobrecamisa de color caqui, una camisa granate con un estampado de rosetones alegre pero discreta y he seleccionado una nueva fragancia de notas cítricas y amaderadas.

El vuelo transcurre con total tranquilidad. Cuando desembarcamos en el aeropuerto de Lúxor ya es de noche.

Completado el trámite del visado, salimos al exterior. Tras varios intentos conseguimos localizar al guía de la agencia.

Ya estamos reunidos casi todos los del grupo con los que compartiremos el viaje. Esperamos ahora a una pareja de canarios que llegará un poco más tarde. Yo nunca he estado en Canarias.

Uno de los que esperan con nosotros hace una broma con los apellidos de uno de los canarios. Pienso: Vaya, tenemos un gracioso.

En el autobús que nos transporta hasta el ferry otro de nuestro grupo hace otra broma con otro asunto. Vaya, pienso, tenemos otro gracioso.

En ese momento no sé lo errado que estoy en mi apreciación. Ignoro lo bien que nos van a caer todos los integrantes de la expedición y la sensación de hermandad que se va a tejer entre nosotros.

2022-02-20

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