Viajar con un/a desconocido/a

El agua de La Chorrera no está a treinta grados Celsius
El agua de La Chorrera no está a treinta grados Celsius

—Contamos hasta tres y nos ponemos de rodillas, ¿de acuerdo?

Estoy en medio de una de las Charcas Verdes de Hervás, Cáceres. El agua, que baja helada de la montaña, me cubre hasta la cintura. Está tan fría que estoy convencido de que no podré sumergir mi cuerpo un centímetro más.

La mujer que está conmigo se llama M (todas se llaman M últimamente). La conozco desde hace menos de veinticuatro horas. Pero videmus nunc per speculum et in aenigmate, como dijo el poeta, y ahí estoy con ella. Viajando. Caminando. Desayunando. Comiendo. Cenando. Durmiendo. Y proponiéndole una prueba de confianza mutua en este mismo momento.

—De acuerdo —contesta.

Y nos sumergimos.

Yo sólo quería demostrar que se puede viajar con cualquier desconocido y establecer un vínculo inmediato de confianza que nada tiene que envidiar al de una prolongada amistad.

Al rato de estar metido en el agua, el Misántropo Sociable se percata de que lleva el teléfono en el bolsillo. Se le ha olvidado dejarlo en tierra firme. Lo saca. Se encoge de hombros y vuelve a guardarlo. Al día siguiente, el teléfono se habrá secado y funcionará a la perfección.

añusgar

Del lat. *innodicāre, der. de innodāre 'anudar'.

1. prnl. Atragantarse, estrecharse el tragadero como si le hubieran hecho un nudo.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados

Llevaba tres o cuatro semanas escribiéndome con ella. Con asiduidad, pero también con brevedad. Una mayor o una menor interacción no habría modificado la experiencia.

La noche es joven pero yo no. Había dormido una media de cinco horas esa semana, por lo que rectifiqué mi intención inicial de salir el viernes y me metí en casa a las once de la noche. Sin embargo, la idea de ponerme a dormir se me hacía un tanto deprimente. De modo que, con intención lúdica, escribí en Facebook unos cuantos mensajes privados absurdos y azarosos. Enseguida me centré en una de las conversaciones y descarté el resto.

Antes de bañarnos en las Charcas Verdes, hemos subido a La Chorrera: una cascada con no demasiado caudal que cae sobre una discreta poza. Agua gélida. A lo máximo que llegamos es a sentarnos y dejar que el agua nos moje tímidamente. Me quito una sanguijuela de la pierna antes de que succione. Ya en la orilla, comemos algo de fruta que ha traído M. Descubro nuevas especies.

El camino a La Chorrera: algo más de una hora. El ascenso: piedras, tierra, matojos, bichos. Y yo en chanclas de playa. Nada grave.

En Hervás está —dicen— la calle más estrecha y sirven —digo— los desayunos más caros de España.

En Cáceres hay gente que lo está pasando mal
En Cáceres hay gente que lo está pasando mal

Y luego: Plasencia, Cáceres.

Para llegar al fin del mundo sólo necesitas el Google Maps y un par de viejas.

Yo sólo quiero ser feliz.

Archivo

Suscríbete o tendrás cinco años de mala suerte

Si quieres recibir los artículos exclusivos para suscriptores, déjame aquí tu e-mail y yo personalmente te enviaré dichos textos cuando los publique. De no hacerlo, ya sabes que tendrás cinco años de mala suerte.