Tú no lo entiendes

Tú no lo entiendes, pero tengo que volver a Koh Phangan porque perdí la piedrecita que me llevé de allí.

Cada vez que visito una nueva isla cojo una piedra pequeña que luego introduzco en un pastillero de metacrilato y etiqueto con cinta Dymo. Tengo, pues, una piedra por cada isla que he visitado. Pero me faltan dos: la de Koh Phangan y la de Phi Phi Don. Las metí en la mochila y no volví a saber nada de ellas. Ni siquiera llegaron a Madrid.

Si tu novia te llama «gordi» no puedes ser escritor.

Tú no lo entiendes, pero aunque estemos en febrero, el invierno ha terminado. El invierno termina cuando a mí me da la gana, y tras unos días de niebla y viento gélido, puedo proclamar abiertamente la llegada del verano. Fíjate que digo «verano» y no «primavera», porque la primavera no existe; la primavera ya es verano, como los preparativos de la fiesta son la fiesta y los preparativos del viaje son ya el viaje.

Hay tres canciones que celebran, como ninguna, el advenimiento del estío: High, de Lighthouse Family, Take on me interpretada al ukelele por Anni B Sweet y el himno de la AS Roma. Las escucho una detrás de otra y festejo con una sonrisa la apabullante llegada del verano.

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