Tengo el país que te mereces

Hablando con M sobre el carácter español, me expone como síntoma el hecho de que en otro país europeo estaría bien visto que un alumno denunciase a un compañero que copia en un examen. En España, en cambio, dicho alumno sería tachado de chivato.

Trocar la virtud en defecto es muy español. No se alaba al que colabora con el bien, sino al que lo regatea. Así, el que coopera con la justicia en pos de la correcta evaluación del examen es vituperado, insultado, amenazado, cuando no directamente agredido.

Tengo el país que te mereces.

—El guay de la clase es el que se va de marcha la noche de antes y aprueba el examen de casualidad —expone M—. El que se lo curra estudiando y saca un seis es un pringao.

Me escribe X y me cuenta que ha vendido un ejemplar de su último libro en la ciudad C en el último año. Un ejemplar. Un buen escritor, con una dilatada trayectoria. Un ejemplar. Mientras tanto, la basura sigue copando los estantes destacados de las librerías.

Tengo el país que te mereces.

El único que puede permitirse llevar chupa con traje es Al Pacino. Y tú no eres Al Pacino. Paz. Ahimsa.

Cuando intentes explicarle a alguien por qué crees que defiende una política equivocada, recuerda que mucha gente cree en la homeopatía. Soy bueno.

Tengo el país que te mereces.

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