Somos monos y los monos no se van a Nueva York

Mi nombre es Rafael Sarmentero y soy el mejor escritor de todos los tiempos.

—A veces siento que soy, tal vez, algo infantil o algo inmadura, porque no me gusta pasar demasiado tiempo alejada de mi madre —dice P—. Mis amigas se fueron este verano a Ibiza de fiesta y yo preferí irme a Galicia con mi madre.

—Cada cual tiene que buscar lo que le hace feliz —le respondo—. A tus amigas les haría más felices irse de juerga y a ti te haría más feliz irte con tu madre. A mí no me parece infantil ni inmaduro que te guste estar con tu madre. Me parece natural. Lo natural es no alejarse de la tribu. Somos monos y los monos no se van a Nueva York.

P me comenta que ha habido momentos en los que lo ha pasado mal, pero en lugar de adoptar un papel de víctima y lamentarse, ha hecho acopio de fuerzas y se ha rebelado. Esta actitud, por desgracia, ha jugado en su contra. Personas muy cercanas han deducido que no estaba sufriendo y no le han transmitido el apoyo que entonces precisaba.

Acabo de caerme al mar desde un barco. He tratado de mantener la calma hasta ascender a la superficie. Al final era una siesta.

A finales de 2008 abandoné el romanticismo. Se acabó el regodearse en la nostalgia, las canciones melancólicas y la autocompasión. Hasta el punto en que mi poesía se ha resentido. Ahora me cuesta mucho emplear ese tono melodramático que tanto bien les hace a los poemas. No me lo permito. Sólo muy de tanto en tanto me concedo una pequeña licencia para no reventar.

Son las 20:52 y ya he cenado. Aprende.

Hacerse adulto implica dejar de ser un llorón.

«El gobierno japonés, procediendo de un modo opuesto a gobiernos occidentales, tuvo empeño en ocultar desde el primer momento la magnitud de la catástrofe. Ha preferido remediar por sí mismo su desgracia, antes que inspirar a los otros pueblos una compasión molesta para su orgullo». La vuelta al mundo de un novelista, Vicente Blasco Ibáñez.

He visto a gente recriminarle a gente no haberle solicitado ayuda. Entiendo esta postura porque a todos nos hace felices ayudar a nuestros seres queridos. Sin embargo tenemos que aprender a aceptar que la prioridad es el ayudado, no el ayudante. Y que hay personas que no piden ayuda porque no la necesitan o porque dicho apoyo no les supone una diferencia significativa. No preocupar innecesariamente a los otros es un gesto de generosidad que debe ser valorado. El ser humano es egoísta y eudemonista, y cuando no pide ayuda es porque ha hecho balance y ha decidido que no le compensa.

Quizás —lanzo esta hipótesis en tiempo real— lo más adecuado sea un noventa por ciento de silencio y un diez por ciento de catarsis. Con ellos y contigo mismo. Expresar lo que te aflige pero sin regodearte.

«¡Quítate esa mariconada de venda…! ¿Y qué quieres decir con "tu" rodilla? ¡Esa rodilla pertenece al Liverpool!». Bill Shankly.

Un hombre se cae, se levanta, se sacude el polvo y sigue caminando. Pero que siga caminando no significa que se haya librado de la tristeza. Significa solamente que sigue caminando. A pesar de la tristeza.

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