Si un día alguien

Hace tiempo leí una entrevista en la que Murakami decía algo así como que él se sentaba a su escritorio y, con las manos sobre el teclado, improvisaba como un músico de jazz. Yo acabo de leerme La caza del carnero salvaje y no me ha satisfecho el concierto.

La novela empieza bien, pero poco a poco se va embrollando y distrayendo y, al concluir, lo que sientes es confusión y escepticismo.

Creo que de esto tiene la culpa el afán improvisador de Murakami: una buena mentira no puede ser improvisada. Te lías, das rodeos, y acabas cayendo en contradicciones o desembocando en callejones sin salida.

Por otra parte, tampoco es divertido escribir una historia cuando tienes delante de ti una escaleta que te dicta punto por punto todo lo que va a suceder. Así que, probablemente, para escribir mis próximas novelas, me apoyaré en un guión que no detallaré demasiado.

Se um dia alguém.

Tras visitar mi librería favorita y degustar la porción de tarta, M y yo caminamos hacia mi casa.

El amor, como el póker, es un juego de información imperfecta. Esto es: el jugador ignora la mano de su oponente a la par que oculta la suya. Pero en el póker, como en el amor, llega el momento en el que tienes que descubrir tus cartas y decir: «Full de ases y reyes. ¿Qué tienes tú?» Yo sentí que ese momento había llegado.

—Desde el día en que te conocí —le digo, abriéndome en canal como un samurái en el seppuku— no ha pasado un sólo día en el que no me haya acordado de ti.

Era verdad y era una locura. Era una locura porque era verdad.

—¡Eso es muy bonito! —exclama ella.

A continuación, M me hace otra confesión que, desgraciadamente, no recuerdo, pero que entonces me resulta tan o más hermosa que la mía.

Luego seguimos haciendo porosas nuestras barreras y desgranando cómo hemos vivido en primera persona todo el proceso de cortejo: lo que yo pensé cuando dejamos de escribirnos durante unos días, lo que pensó ella; qué sensaciones tuvo cada uno en el curso de nuestra primera cita.

—No es nada sencillo conectar con una persona —observa M.

—Nada sencillo —otorgo.

La tarde anterior he tenido una epifanía: «Voy a proponerle a M que cante la Lambada mientras yo la acompaño con la guitarra». Por la mañana he impreso una copia para cada uno con la letra y los acordes. Esa noche, cuando M llega a casa, llevamos el plan a cabo.

—Durante la mañana siguiente —le cuento ayer a M—, y a pesar del sueño que tenía, no podía dejar de sonreír al evocar la tarde tan maravillosa que pasamos.

—¿En qué piensas? —pregunta M.

—En que me gustas mucho.

—Tú también me gustas mucho.

Después, de nuevo M:

—¿Y por qué nos gustamos?

—Pues… la verdad es que no lo sé.

¿Por qué me gustan los mares turquesa? Tampoco lo sé. Pero sé que me hacen feliz.

He compuesto una música muy sencilla para el book trailer —que también haré yo— con el que presentaré Fucsia fantasía. Me entusiasma la idea del artista total.

Se um dia alguém perguntar por mim.

Vos en el capitalismo solamente podés ser exitoso sirviendo al prójimo con bienes de mejor calidad o de mejor precio. […] La única forma que vos tenés de ser exitoso en el capitalismo es… Yo puedo hacer un producto, pero si vos no me lo comprás, me voy a la quiebra. Es decir, el que determina quién tiene el capital, es el consumidor comprando. […] Básicamente, lo que vos hacés, digamos, es derivar placer desde el placer de tu pareja sexual. […] No hay nada más hermoso que ver cómo se empieza a expresar la mujer cuando empieza a experimentar placer. Y te puedo asegurar que una mujer suena como un violonchelo. Y no hay más bello que el sonido de un violonchelo bien afinado.

Javier Milei

Al ver a Javier Milei recuerdo que, cuando llegue el otoño, me pienso comprar un traje con raya diplomática.

Entro a la panadería. Afuera hace un calor infernal. Hace fuego, que diría Padre.

Se lo comento al panadero para que no se sienta tan mal por tener que trabajar una tarde de verano.

—Fuera hace mil grados.

El panadero sonríe.

—Mil cinco —me corrige.

M me pregunta qué tal ha ido mi paseo. Le envío una foto en la que aparecen los dos libros que me he agenciado durante el mismo: La traición de Rita Hayworth y El final del affaire. Al día siguiente me pregunta por qué esos libros y, tras explicárselo, comenta: «Manuel Puig es argentino, ¿no?» Por lo visto había investigado un poco sobre los libros cuando le envié la foto. Ella no lo sabe, pero me encantó ese detalle.

«Los planes se hacen solos ante nuestros ojos», le comento. «Dios es nuestro secretario favorito.»

—Pero ¿tan guapa es?

—Imagínate: no ve series.

—Vaya.

—Y no tiene Instagram.

—Wow.

—Y además, es guapa. Ŝi estas tre bela virino.

—Mamma mia.

«Tengo baraka», le dije, «y la numerología está de nuestro lado. Nada puede salir mal».

Se um dia alguém perguntar por mim / diz que vivi para te amar.

Archivo

Suscríbete o tendrás cinco años de mala suerte

Si quieres recibir los artículos exclusivos para suscriptores, déjame aquí tu e-mail y yo personalmente te enviaré dichos textos cuando los publique. De no hacerlo, ya sabes que tendrás cinco años de mala suerte.