«¿Qué significa "Tu diosa interior"?»

He pedido por Internet el libro Ventanas de Manhattan, de Antonio Muñoz Molina; una colección de fragmentos que recoge sus vivencias en Nueva York. No he leído nada de este autor. Lo tenía por un socialdemagogo —uno de tantos—, pero no es ésta la razón de mi indiferencia, sino la falta de interés que sus títulos me suscitaban. Sin embargo, lo he escuchado en diversas entrevistas y me han gustado su sensatez y su aplomo. Como en otras ocasiones, me ha seducido el autor antes que su obra. Veremos qué tal es ésta.

«Y sentarte todos los días […] Esto no es un caprichito que te ha dado. Esto no es que tú quieres ser famoso. Esto no es que tú quieres salir en Operación Triunfo. Esto es una cosa que es tu vida entera». Antonio Muñoz Molina.

El fin de semana pasado: Pinto el salón. Color crema. Hago una pausa en el proceso para comer. Entro en un local de sushi próximo. Pido arroz tres delicias, ensalada de pepino y un rollito de primavera. Me corto la cara con el rollito de primavera. No preguntes.

Duermo poco y mal últimamente. Es posible que sea la persiana del dormitorio, que no cierra bien. Han venido dos veces a repararla sin éxito. Me estoy acostando cerca de las dos y levantando sobre las siete. La otra noche me despierto, más o menos, una hora después de haberme acostado. Pienso: «Casi todos los males del ser humano tienen que ver con la ambición, que es una forma inversa de agradecimiento». Y sigo durmiendo.

Anoche: Asisto a la celebración del noveno aniversario del Diablos Azules. Hablo con X, un tío con aspecto de rockero a media jornada que defiende que «hay que salir siempre con cash [sic]». Que las tarjetas sólo hay que usarlas para… (Gesto de prepararse una loncha de coca.)

—Yo antes vivía en Barcelona y cuando estrenaron La vida de Brian estábamos ocho personas en el cine. Y sólo me reía yo. La película estuvo varias semanas en cartelera y no iba ni Dios. Hasta que un crítico de cine escribió en La Vanguardia que era una maravilla y, a partir de ese momento, las salas a reventar.

»[…] Las películas de Saura son un coñazo. Una imagen ahí, estática, veinte segundos… Eso no es cine, es fotografía. El cine es dinamismo. Cine de éste europeo, que el tío va a mear y te enseñan todo el proceso: va andando al baño, levanta la tapa, se baja la cremallera… No hay buenos realizadores. El cine americano, no. El tío va a mear y te enseñan cuando ya ha vuelto. Salen del coche y ni cierran con llave.

Esta conversación me hace pensar en Fucsia fantasía. Creo en el anacoluto como elemento consustancial al diálogo. De hecho, creo que los actores españoles —salvo Antonio Resines— son tan malos —José Sacristán, el primero— porque hablan como si tuvieran muy claro desde el principio todo lo que van a decir. No dudan, no vacilan; y esto hace que sus palabras no parezcan propias de una conversación, sino de un discurso o de una declaración jurada. En Fucsia Fantasía he abusado, tal vez, del anacoluto, y esto es algo que debo revisar, porque el exceso de realismo puede convertirme, haciendo el paralelismo con el cine, en un mal realizador. Tengo pendiente efectuar una última (¿última?) revisión de la novela antes de publicarla, y podar algunos anacolutos es una de las cosas que haré. La noche ha sido productiva, después de todo.

Para ser feliz tienes que contravenir la pirámide de Maslow: escribir es más importante que cenar.

Leo Underground, libro en el que Murakami entrevista a supervivientes del atentado con gas sarín que tuvo lugar en el metro de Tokio en 1995. Me gusta. Algunas entrevistas me congratulan especialmente; tal es el caso de la efectuada a Michael Kennedy, un jockey irlandés. Kenichi Kamazaki, por su parte, dice en la entrevista que desde el atentado ya no discute con su novia. Es curioso porque es lo mismo que dice Ric Elias, que sobrevivió al accidente del vuelo en el que el comandante consiguió aterrizar la nave sobre el río Hudson. Si discutes mucho con tu pareja, ten un accidente. Cuídate mucho. Te quiero.

P me habla de Amanda Palmer y me muestra su libro El arte de pedir. Amanda Palmer es una performer y su libro parece interesante. No creo, sin embargo, en los performers. Entiendo —incluso defiendo— el envoltorio del artista; el cuidado de esa parafernalia. Pero siempre como un añadido, como una forma de presentar el producto, que es la obra. Pero los performers son papeles de regalo sin regalo. Cajas vacías. Humo. Artistas sin obra. En definitiva: NADIE.

¿Qué parte de la expresión «Te echo de menos» no entiendes?

Soy radical pero no fanático. La diferencia es que el radical defiende a muerte sus ideas pero está dispuesto a rectificar si son erróneas. Un radical es un fanático flexible.

Y también: Quedo con R. Llevo desde 2005 usando la excusa de que soy un dandy para no desplazarme y quedar siempre por mi zona. Pruébalo, en serio. Funciona. Besos.

En cuanto a R: Hipótesis: Existe una correlación entre interés por la prosodia y sentido del humor. La biografía de R podría ser ésta: «Me llamo R. Leí Guerra y paz con doce años. Juego al rugby. "¿Qué significa 'tu diosa interior'?"».

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