Pues ya no soy tu amiga

Those were the days. Pero no en la versión de los borrachos de la Plaza de Chueca, sino en la de Mary Hopkin. Ahí está la canción: buen comienzo, buen desarrollo, y entonces, ya cerca del final, en el último cuarto, entra el coro y es la grandeza, el clímax, la elevación.

Para que una novela sea una genialidad es imprescindible que al final entre el coro. Es lo que pienso y lo tendré muy presente cuando me ponga a escribir el guión de mi próxima obra maestra este verano.

En Aranjuez no hay flores. Los árboles no tienen hojas.

En Aranjuez el cielo es ceniciento y puede contener trazas de lluvia.

En Aranjuez todo es tan de cartón piedra que se confunde con la ciudad de Los Álamos del Proyecto Manhattan.

Yo, por mi parte, he vuelto a tocar la melódica.

«Regla nº1: ¿A quién le importa lo que ella piense? Regla nº2: Tú eres la persona más importante de la relación.» (David X.)

El otro día escribo en Twitter: «¿Os enamoráis de vuestras amigas? Haced como yo: buscaos siempre amigas feas.»

El tuit es buenísimo. ¿Por qué lo escribí? No siempre actúo de manera analítica. En este caso me dejé llevar por la intuición.

El tuit es bueno porque genera una disonancia cognitiva: «¿No me considera guapa o no me considera su amiga?» Hasta la fecha todas han optado por asumir lo segundo.

Archivo

Suscríbete o tendrás cinco años de mala suerte

Si quieres recibir los artículos exclusivos para suscriptores, déjame aquí tu e-mail y yo personalmente te enviaré dichos textos cuando los publique. De no hacerlo, ya sabes que tendrás cinco años de mala suerte.