Pensar en la muerte

Me compré toda la obra de Sherlock Holmes hace unos diez años. Sólo me había leído el relato «La banda de lunares» y no me gustó, pero como tantos elogios acaparan las historias del famoso detective, pensé que debía leerme al menos una de sus novelas.

Me decanté por Estudio en escarlata, que entre otras cosas narra el encuentro del doctor Watson con Holmes. No me entusiasmó. Me pareció que estaba correctamente escrito, pero no me gustó que Holmes se sacase de la chistera algunos datos que desconocía el lector; un juego sucio en el que no cae la buena de Agatha Christie.

He considerado que sería buena idea leer algunos libros de ésos que consideran fundamentales o imprescindibles, a pesar de no creer yo en dichos adjetivos. Quizás aprenda algo. Como la mayoría de ellos no serán apasionantes, he decidido alternar su lectura con otros libros más livianos, de manera que por las noches leeré unas pocas páginas del libro obligatorio, y continuaré con el optativo hasta que me entre sueño. Ahora mismo, mi libro obligatorio es El americano impasible.

Llevo usando el editor de textos Emacs desde hace más de seis años. Mucha gente se queja de las combinaciones de teclas de esta aplicación, aduciendo lesiones en el túnel carpiano. A mí nunca me han supuesto un problema dichos acordes de teclas, aunque reconozco su escasa ergonomía. Por probar si la mejora es posible, he instalado el plugin Evil, que emula el comportamiento de las teclas del editor de textos Vim, y he mapeado además la tecla de escape en la de «Bloq Mayús.», para que sea todavía más cómodo pasar del modo comando al modo inserción. Toda persona que pase gran parte del día tecleando debería plantearse aprender mecanografía —yo el primero: acabo de hacer un test de mecanografía y he obtenido un resultado de setenta y cuatro palabras por minuto y noventa y cuatro por ciento de precisión—, así como utilizar un editor con unas combinaciones de teclas lo más ergonómicas posibles.

Desde hace unas semanas, independientemente de la temperatura que haga, estoy terminando todas mis duchas con agua fría.

He iniciado un ciclo de cine con H. Las reglas del ciclo son dos: uno elige una película y el otro acata —por turnos—, y ninguno debe haber visto dicha película. Hasta la fecha hemos visto seis con resultados más bien pobres. Eso sí: por fin he visto Casablanca. Le doy un cinco de diez.

Pensar en la muerte desbarata cualquier contingencia de felicidad. El antídoto contra la desazón pasa por pensar: «Todos vamos a morir; cierto. Pero no hoy; ni mañana.». Algún día, la segunda parte de la conjetura será falsa. Pero el resto de los días será verdadera. Y puesto que lo más probable es que tanto hoy como mañana sigamos vivos, ¿no es acaso éste un magnífico motivo de celebración? Chin, chin.

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