Pásalo bien

Pásalo bien con tu escritura —dices—
mientras yo continúo aquí estudiando.

Hay trazas de amargura en tus palabras.
Como la de una novia en el andén
que agitara la mano en el vacío
cuando el tren ya partió hace un buen rato.

Tu frase trae consigo
el recuerdo de aquella tira cómica
que leí en algún punto de mi infancia.
Se veía a un golfista transido y derrotado
confesando algo así a su compañero:
Lo peor no es hacer un triple bogey,
ni caer en un bunker tras de otro,
ni echarla al agua en cada hoyo. No.
Lo peor es que, encima, mi mujer
piensa que me lo estoy pasando bien
.

Pásalo bien con tu escritura. Suena
como Pásalo bien alquitranando.
Porque en eso consiste casi siempre:
en mancharse las manos; en doblar la columna;
en cargar carretillas con arena.
En colocar ladrillos hasta el tedio
ansiando que algún día llegue el feliz momento
de tener construido el edificio
y darse el gusto de colgar un cuadro,
de colocar un Chester o una alfombra.

A veces, sólo a veces. Como dijo el poeta.

Sufro mucho escribiendo. Pero amo haber escrito,
dice Carlos Busqued a una entrevistadora.

* * *

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