Obrero y arquitecto

Cuando estoy escribiendo el antepenúltimo capítulo de la novela, empiezo a disfrutar.

Escribir es una vocación extraña: el noventa y nueve por ciento del tiempo es una labor ardua y hasta tediosa. Bien pensado, ese uno por ciento restante tiene que ser maravilloso para que uno lo lleve haciendo toda su vida.

Se me ocurre que escribir un libro es como construir un edificio, pero siendo tú al mismo tiempo el arquitecto y el obrero.

No hay nada divertido en excavar la tierra para colocar los cimientos, ni en alimentar la hormigonera, ni en cargar con sacos de escombros. Pero no te queda más remedio que hacerlo. Sólo cuando el edificio ya está casi terminado y empiezas a vislumbrar lo que podría ser el resultado, aparece el primer atisbo de deleite.

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Ahora puedes insultarme. E incluso elogiarme. Déjame tu mensaje:

Quiero ser tu amigo*.

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