Nuestros pies son un piano con dislexia

La cámara ha captado nuestras piernas:
yo, pantalones beis; tú, falda verde.
Sobre adoquines grises, nuestros pies,
calzados de una forma peculiar:
zapatillas de lona; en mi pie izquierdo,
una negra; una blanca en el derecho;
tú, exactamente igual, pero al contrario;
un treinta y nueve y un cuarenta y tres:
dos números distintos cada uno.

Yo te he dejado mi zapato porque
tenías una ampolla en el meñique.
La gente nos observa por la calle.
Seguramente dicen: «Vaya idiotas».
Supondrán que queremos crear alguna moda.
Pero no; nada de eso. Es sólo una emergencia.

En la fotografía que he tomado,
nuestros pies son un piano con dislexia.
Al mirarla sonrío mientras pienso
que en esta foto está todo aquello que somos:
dos personas que viven en su mundo
—un mundo que es mejor que el de los otros—,
que se quieren y saben que entre ambos
conforman un equipo indestructible.

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