¿No te parece muy extraño?

Leo a Ángel Vázquez (1929-1980), escritor homosexual, y observo que en su novela La vida perra de Juanita Narboni pone en boca de la homónima expresiones tales como «mariquita», «maricón» e incluso «mariconazo». ¿Sería Ángel Vázquez, simultáneamente, gay y homófobo? ¿O es que nos estamos —se están— volviendo locos con lo de sentirse ofendidos a discreción?

¿Qué probabilidades hay de que estés leyendo un libro de Ángel Vázquez y el fulano de tu derecha diga por teléfono: «Soy Ángel Vázquez»? Al escarabajo de Jung le gusta hacer estas exhibiciones.

Voy tarde y me tengo que ir zumbando a trabajar. Lástima, le iba a pedir que me firmara el libro.

Me gusta hacer este tipo de cosas. Es mi manera de hacer arte urbano. De introducir una partícula de desconcierto en la rutinaria vida de las personas. Me imagino a este señor llegando a casa:

—Cariño, no te vas a creer lo que me ha pasado esta mañana en la cafetería: un tío me ha pedido que le firme mi libro.

No, no he visto Juego de tronos.

Hablo con M y M me dice, refiriéndose a mis textos: «Me resultan curiosos tus saltos».

Lo cierto es que mi estilo nunca fue premeditado. Analizándolo después me he dado cuenta de que he implementado una especie de cubismo temporal. Es decir: si una de las características del cubismo es la perspectiva múltiple —todas las caras de un objeto se representan en el mismo plano—, el cubismo temporal pasará, necesariamente, por representar todos los fragmentos temporales en el mismo momento. Así, en el rafaelismo puro, todo es presente: «Hablo con M» aunque me refiera a ayer, «Voy tarde y me tengo que ir zumbando a trabajar» aunque me refiera a hoy.

Siempre tengo la sensación de que estoy elevando el arte a una dimensión superior. No puedo evitar tener delirios mesiánicos. Siempre los tuve. Claro que, ¿puede un verdadero artista no tenerlos? Como mucho los podrá disimular.

Uno de los problemas que conlleva mi forma de ser es que no tengo intuiciones; tengo convicciones. Y cuando me la pego, me estampo pero bien.

Según un estudio que me acabo de inventar, existen tres niveles de privacidad:

  1. Lo que no le contarías a nadie.
  2. Lo que sólo le contarías a tus íntimos —familia, pareja, amigos—.
  3. Lo que puedes hacer público sin reparos.

Diría que mis textos se encuentran por lo general en el tercer nivel de privacidad. Puntualmente me aproximo un poco al segundo nivel. De manera que podemos decir que, de media, escribo estos textos con un nivel 2.85 de privacidad.

El nivel de privacidad tampoco fue premeditado. Lo que si lo fue es el nivel de sinceridad. Desde el principio me propuse que todo lo que escribiese aquí sería verdad. Lo cumplo escrupulosamente. Por ejemplo, no te digo que el domingo por la noche lo pasé bailando merengue con unas mulatas porque en realidad estuve en casa tratando de instalar el Arch Linux en una tarjeta ese dé de sesenta y cuatro gigas.

Lo que quiero decir es que no pretendo epatar fantaseando con que mi vida es un espectáculo. Para mí lo es y yo la vivo como tal. Y eso es lo único que me importa.

No, no he visto Breaking bad.

Soy bastante hogareño. Pero me gusta salir a la calle para contribuir a la normalización de la belleza.

Hago mi primera sopa no-de-miso. Fracaso en el test del sabor.

El Rey condescendiendo a rebajar su estatus para mezclarse con la plebe en el Metro de Madrid me ha recordado a mí aquella vez que fui a un concierto de Tote King en la Joy Eslava.

Por amor una vez incluso suavicé el término «ateo» y dije que era agnóstico.

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. Llegará enero y seguiréis con pinquis y pantalones tobilleros porque es más importante vestir como todo el mundo que no pillar una neumonía.

También hay muchas tías que saludan con un «Holi». No sólo es una cursilada supina sino que, además, es una cursilada supina copiada. Copiada de la reina de las cursis, imagino, que fue la primera que empezó a saludar así.

Si me das a elegir / entre tú y la riqueza, / con esa grandeza / que lleva consigo.

No, no he visto La casa de papel.

¿Alguna vez te has parado a pensar en la enorme cantidad de personas que existe que nunca hace bromas?

Repito: ¿Alguna vez te has parado a pensar en la enorme cantidad de personas que existe que nunca hace bromas?

¿Y no te parece muy extraño?

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