No me pega

Hace unos días publiqué Lo siento, tengo novia. En el libro recojo los textos —revisados— que he colgado en el blog en los últimos meses, junto con las crónicas completas de mis viajes a Cuba, Rumanía y Jordania.

Al igual que los poemarios, estos libros de corte autobiográfico son para mí como álbumes: a pesar de que las fotos —los textos— no obedecen a ninguna intención última ni se articulan según estructura alguna, retratan un determinado periodo de mi vida mediante fogonazos, a veces estudiados y a veces caprichosos.

En tres o cuatro tardes de esta semana he experimentado mi habitual disforia estacional. Se trata de una pérdida de energía e ilusión de la que, con escasas excepciones como la del año pasado, adolezco en las postrimerías de cada verano. ¿Por qué me ocurre esto siempre por estas fechas? Lo ignoro. Como también ignoro por qué suelo experimentar una subida anímica con cada principio de año.

He cambiado la apariencia de mi página web. He adoptado la antediluviana paleta de colores de la tarjeta gráfica EGA y reducido la resolución de las imágenes hasta un máximo de trescientos veinte por doscientos píxeles. Si el visitante desea ver las imágenes con su resolución y colorido originales, pude hacerlo pulsando sobre ellas.

Este cambio lo he hecho por gusto personal por dicha estética, y también por nostalgia de aquellas largas y felices jornadas que pasé con mi padre jugando a las aventuras gráficas de Sierra On-Line, cuyo estilo visual, impuesto por las limitaciones de la época, era justamente ése.

¿Es más feo el blog ahora que antes? Según Mari —he empezado a llamar a mi novia Mari porque ella ha empezado a llamarme Rafa—, sí. Quizás tenga razón; no en vano, ahora sólo utilizo dieciséis colores. Pero no es menos cierto que el estilo te lo dan las restricciones. ¿Qué es un estilo, sino una limitación? Donde vale todo, el estilo desaparece.

Para mí —probablemente no para todo el mundo, pero para mí— algo es perfecto, no cuando a todo el mundo le gusta, sino cuando la mitad de la gente lo ama y la mitad de la gente lo odia.

No estoy diciendo que crear algo que todo el mundo ame sea fácil, pero en cierto sentido es el camino sencillo. Si quieres crear algo que todo el mundo ame, haz una foto de un perrito mono y un gatito.

A todo el mundo le encantan los perritos, pero ¿qué le has dicho realmente al mundo? Le has dicho que los cachorros son bonitos. ¿De qué manera has desafiado a tu audiencia, qué parte de su imaginación has encendido? ¿Qué parte de su alma has removido y captado?

Ron Gilbert

Siempre he defendido la idea de que tanto mi pareja como yo dispongamos cada uno de su propio dormitorio. No sólo para que tengamos un espacio personal, sino también para que, según nos convenga cada día, podamos elegir entre dormir juntos o dormir separados.

Por circunstancias que ahora no vienen al caso, Mari y yo dormimos separados estos días y, al no disponer yo en mi casa de dos camas, opté por comprar una esterilla aislante de camping, que colocamos sobre la alfombra y acompañamos con una almohada. La esterilla era de dos centímetros de grosor, y mi espalda encontró el lecho bastante cómodo, si bien me desperté en algunas ocasiones durante las dos noches en que hice uso de ella. Mari no fue tan atrevida y reforzó el catre con las almohadillas de dos sillas. Sin embargo, a pesar de esta medida, sus noches —especialmente la segunda— fueron bastante terroríficas a nivel ergonómico.

En el Adorado Bar, en Lavapiés, he probado el café bombón argento: café con dulce de leche. Un pelotazo.

Estoy siguiendo —sin fanatismo pero con razonable interés— la serie Mujer. Que esté rodada en Estambul suma muchos puntos. A este respecto, Mari bien podría decir una de las frases que más me repite: No te pega. Es gracioso, porque ella no es consciente de que es una de las mejores expresiones que alguien puede decir sobre mí.

Me escribe un lector para decirme que mi obra le salvó la vida, y que mi visión del mundo le hace sentirse menos solo. Que Dios lo bendiga. Uno escribe para uno mismo, es cierto. Pero si publica es porque alberga la pequeña esperanza de que sus palabras den origen a milagros como éste.

Por cierto, si quieres recibir de vez en cuando algún texto mío más personal, déjame aquí tu nombre y tu dirección de e-mail*:

(*) Lee mi manifiesto sobre las redes sociales.