No he ganado el Premio Planeta porque el jurado me tiene manía

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«Experto en igualdad.» El cargo es propio de la clásica distopía cómica de Los Simpson.

Ya sé qué me voy a poner para disfrazarme en Halloween: unos vaqueros.

Prohibido usar la expresión «a espuertas» si no sabes lo que es una espuerta.

Propuesta: De modo análogo a la implantación del copago en sanidad para evitar que se abuse del sistema, el claxon de los coches infligirá una pequeña descarga eléctrica al conductor, asegurando así que su empleo queda reducido a casos de extrema necesidad.

—Y me dice: «Vamos a hacernos un selfie. Espera, voy a seleccionar en la aplicación el nivel cinco de belleza». Y así sale luego el tío: sin una arruga.

Aunque sigue habiendo acentos ingleses que me cuesta mucho comprender, qué gusto poner un vídeo que me interesa, y entender el noventa y cinco por ciento de lo que dice. Mi oído ha mejorado. Y todo gracias a YouTube. Viva la autodidáctica.

He soñado que Mayweather se dejaba caer ante Pacquiao en el segundo diez de combate, para luego, ante las cámaras, clamar por una revancha, escenificando así uno de los mayores tongos de la historia del boxeo.

Presentación de un libro. Conozco a Mónica Ojeda. Guapísima.

«Si eres guapa no es por ti. ¡Enhorabuena a tus genes!» (La crisis, Tote King.)

—Qué pasa, niño; cohone' —me saluda Pablo Macías, director del documental La vida perra.

Días antes de asistir a la emisión del mismo, le he escrito a Pablo para elogiar tanto la idea de hacer un documental sobre Ángel Vázquez, como lo prometedor que resulta el tráiler.

Allí mismo, en la sala de cine, conozco a Rocío Rojas-Marcos.

«Por dentro estoy muy contento; pero al no poder demostrar que lo estoy, me preocupa.» (Ángel Vázquez.)

Prohibido usar la expresión «harina de otro costal» si no sabes lo que es un costal.

No he ganado el Premio Planeta porque el jurado me tiene manía.

B me dijo hace años que yo le hacía preguntas trascendentes a las personas sin apenas conocerlas, y que eso podía desconcertarlas.

Le contesté que iba al grano porque a mí en realidad, me daba igual cuántos hijos tenían o en qué trabajaban. Yo quería ir a la esencia misma de esa persona. De hecho —le dije—, a mí me sorprendería de manera positiva si alguien hiciese lo mismo conmigo.

Años más tarde, leyendo a Roosh V, he comprendido mejor por qué B me hacía aquella observación: existe un protocolo —especialmente cuando tratas con mujeres— que no te puedes saltar. Aunque sepas que los tópicos de los que estás hablando son sólo palabrería hueca, tienes que transitar ese aguachirri antes de entrar en la sustancia. De lo contrario te expones —en términos de Roosh V— a «asustar al gato».

[…] understand that it's through this "bullshit" that a woman begins to feel comfortable with other people. Only by bullshitting about a stupid pen for three minutes will the girl be ready to talk about other topics you may be more interested in, which will then help you get to know her on a deeper level. Bullshitting is a necessary component of building rapport with women during the day.

Day bang, Roosh V

Quedo con mi amigo D para ver el Clásico.

El Barça le endilga un cinco a uno al Real Madrid.

D está un tanto fastidiado, aunque menos de lo que imaginaba, dado el madridismo que le conozco. A mí el resultado me da un poco igual. Prefiero que gane el Barça, pero este equipo está lejos de conquistarme.

Cristiano Ronaldo viene a decir en una entrevista que se fue del Real Madrid porque no se sentía querido.

«Que la vida iba en serio / uno lo empieza a comprender más tarde / -como todos los jóvenes yo vine / a llevarme la vida por delante.» («No volveré a ser joven», Jaime Gil de Biedma.)

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