¡Menuda zorra! (8): «No» a los vientres de alquiler

Que leo ayer que «50 asociaciones se unen para que España rechace los vientres de alquiler», El País, diecisiete de abril del Año de Gracia de dos mil diecisiete de Nuestra Era, y ya estás tú ahí, feminista, diciendo tonterías y, por supuesto, maldades, no niego que muchas veces lo hagas sin darte cuenta de que lo son, pero para eso estoy yo aquí, para enseñarte un poco de la vida, leo frases como «Las mujeres no son ganado para satisfacer el deseo de unos pocos», pero vamos a ver, so pedazo de feminista, las mujeres serán lo que ellas digan, o qué te has creído, que vas a decidir tú por ellas, mayores de edad, responsables de sus decisiones, te ofrezco este consejo gratis a cien euros: la próxima vez que digas «las mujeres», no olvides que estás diciendo «yo», lo que faltaba, me vas a venir ahora con la falacia ésa de «mi cuerpo, mis normas» para venderme el aborto, que implica la muerte de un tercero, y te vas a tragar tus remoquetes uterinos cuando se trata de gestación subrogada, me vas a defender el burkini en nombre del libre albedrío de la mujer a la hora de decidir cómo vestirse, y me vas a negar que esa misma libertad es la que le permite dar a luz a hijos de otras personas a cambio de dinero, sí, hombre, hasta ahí podíamos llegar, gestación subrogada sí, burkini sí, son sus vidas, ellas deciden y tú te callas, y lo mismo te digo con el tema de la prostitución, son mayores de edad y, en tanto no sean esclavas de mafias o de chulos sino que actúen bajo su propia motivación, quién eres tú para entrometerte en sus decisiones, anda, quítate del medio, que no haces más que molestar, si te parece mal que se prostituyan o que alquilen su vientre porque consideras que hay alternativas que les van a reportar mayor felicidad, dilo, habla, escribe, graba vídeos, reparte octavillas, pero aparta tus pezuñas de su libertad, a ti te gustaría que te prohibiera ponerte ese séptum porque considero que te haces un flaco favor llevándolo, ese séptum, que parece la aldaba de la Catedral de Colonia, que te lo prohibiera, te gustaría, pregunto, pero tú quién te has creído que eres, no eres nadie para prohibirle a una persona que viva su vida como considere oportuno, tú haz con la tuya lo que quieras, pero ni se te ocurra impedir que otras mujeres hagan lo propio con la suya, feminista, feminista, más que feminista.

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