¡Menuda zorra! (5): Las mujeres debemos cobrar lo mismo que los hombres

Una cosa que me he fijado que te pasa es que te dejas llevar por lo que escuchas con una facilidad pasmosa, suscribes como un papagayo el discurso que te han hecho los otros, haces tuyos frases, términos y muletillas que no vienen de ti y que pasan directamente de tus oídos a tu boca sin hacer escala en tu cerebro, del mismo modo que vas a las manifestaciones levantando carteles que escribieron otras manos porque eres incapaz de pensar por ti misma, ahora te ha dado por deslizar en las reuniones el sintagma «la brecha salarial», te gusta, te gusta porque ese cierre en palabra aguda lo hace sonar rotundo, pero sobre todo te gusta porque te da empaque, porque te hace percibirte ante tus contertulios como si supieras de lo que estás hablando, pero déjate de palabrería y vamos al grano, a qué te refieres exactamente con eso de «la brecha salarial», sí, vale, gracias, eso ya lo sé, pero qué mujeres cobran menos que qué hombres, porque hablar así, en general, a bulto, es sencillo, pero también impreciso, no puedes compararme los limones de tu cursillo de enfermería con las manzanas de su doctorado en telecomunicaciones, las mandarinas de tu jornada reducida con los albaricoques de su jornada completa más horas extra, los kiwis de tu nula experiencia laboral con los melocotones de sus diecisiete años de experiencia, entonces, vuelvo a formularte la pregunta, a qué te refieres exactamente con eso de «la brecha salarial», qué salarios estamos comparando, pregunto, el promedio de unas frutas con el promedio de otras o qué vaina, bien, ahora titubeas y me respondes que existe una diferencia que favorece a los hombres frente a las mujeres entre salarios que corresponden al mismo puesto de trabajo, con idéntico currículum y similares cualidades, añado yo para ayudarte a dibujar un marco en el que ambos, hombre y mujer, presenten méritos análogos y semejante rendimiento, vale, pues verás, si hablamos de la empresa privada no te voy a dar la razón por una cuestión fundamental: en la empresa privada nadie debe cobrar más ni menos que nadie, de manera que, lo siento, pero puedes meterte tu «las mujeres debemos cobrar lo mismo que los hombres» por donde te quepa, cada cual cobrará el dinero que esté dispuesto a aceptar, ni un euro menos, esto es así y así tiene que ser, cada persona negocia su salario de manera individual, si tú aceptas trabajar por equis dinero, no tienes derecho a quejarte de que fulanito haya conseguido que le paguen más por hacer el mismo trabajo, lo que cobre fulanito no es asunto tuyo, el empresario tiene derecho a ofrecerte el sueldo que él considere oportuno y tú tienes derecho a aceptarlo o a rechazarlo, el único deber que tiene el empresario es el de pagarte la cantidad que habéis acordado, nada más, y puesto que la empresa es suya y el dinero también, puede discriminarte por tu sexo, tu raza, tu religión, tu grupo sanguíneo, equipo de fútbol al que eres aficionado y, en definitiva, por el motivo que le dé la gana, y tú, chitón, a callar, y con respecto al tema de la discriminación por sexo, la pregunta interesante no es por qué un empresario decide pagarte menos si eres mujer, la pregunta interesante es por qué decide pagarte más si eres hombre, es decir, por qué pagarte más pudiéndote pagar menos, ésa es la cuestión que tienes que plantearte, y la respuesta sólo puede ser ésta que sigue: porque no puede pagarte menos, porque si te pagara menos no aceptarías el trabajo, el asunto está claro: vales lo que alguien esté dispuesto a pagar por ti, y obviamente con las mujeres se aplica el mismo principio, si te pagan menos que a un hombre es porque cuando estabas en la entrevista de trabajo y te tendieron el contrato, lo firmaste, es la ley de la oferta y la demanda, bendita sea, Barras y estrellas para siempre, no vengas ahora a estropearme la marcha con tus plañidos, en lo que se refiere al empleo público, los sueldos son idénticos en teoría, lo mismo cobra un cartero que una cartera, un abogado del Estado que una abogada del Estado, en teoría, sí, en teoría, vale, tú te refieres a que al final los que acaban ascendiendo o recibiendo mayores complementos salariales son los hombres, bien, vamos a eliminar de la estadística todos aquellos casos en los que asciende el hombre porque ha hecho mayores méritos que la mujer, vamos a quedarnos sólo con los casos en que asciende el hombre por el mero hecho de serlo, vale, en estos casos podemos hablar de machismo, sí, en efecto, puesto que se trata de una discriminación por sexo, ahí sí te dejo que te quejes, pero no pierdas de vista que aquí el escollo mayor es todo lo que conlleva la subjetividad, el machismo es sólo una de sus posibilidades, porque casi siempre va ascender antes una persona que le cae bien a su jefe que otra que le cae mal, alguien próximo a sus ideas que contrario a ellas, y tan poco objetiva es una discriminación como la otra, cuando se trata exclusivamente de elegir al más capacitado para un puesto, todas las discriminaciones arbitrarias son reprobables, en todas esas situaciones se está incurriendo en una forma de prevaricación, por eso no te reprocharé que critiques estos casos, sean por machismo o por cualquier otro motivo, no me malinterpretes, lo que te digo es que estás cogiendo este caso concreto, es decir, la discriminación por sexo en el empleo público, y lo estás extrapolando, se te están inyectando los ojos en sinécdoques y estás adulterando el todo con la parte, qué brecha salarial ni qué brecha salarial, no te montes películas conspiranoicas en tu cabeza.

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