¡Menuda zorra! (1): No te confundas, bonita

Hombres y mujeres debemos tener los mismos derechos, hasta aquí todo cuanto tengo que decir a favor del feminismo, he dicho «feminismo», perdona, quería decir «feminismo antiguo», debo añadir el adjetivo porque es evidente que el significado del término ha ido mutando a lo largo de los años hasta devenir en esta colección de tonterías a cual más delirante que una parte significativa de las mujeres difunde a los cuatro vientos día sí y día también sin el menor atisbo de rubor, lo voy a expresar con mucha claridad para que te quedes tranquila desde el principio y no comiences a darme la matraca tan temprano: ningún hombre tiene derecho a iniciar ningún tipo de violencia contra la mujer, como tampoco lo tiene la mujer sobre el hombre, ni ningún ser humano sobre ser vivo alguno que tenga la capacidad de sufrir y disfrutar, sí, ya sé que suena injusto que tú no tengas derecho a matar, no sé, a una pantera, y la pantera sí tenga derecho a matarte a ti, pero la diferencia estriba en que la pantera no tiene elección porque su comportamiento está guiado por su instinto, por su cerebro reptiliano, no por el resultado de una reflexión, no por su corteza cerebral, pero bueno, me estoy apartando del asunto principal, a ver, qué te estaba diciendo, ah, sí, que el feminismo es un movimiento que consiste en escribirse con pintura negra en los pechos la frase «Aborto es sagrado», perseguir a un anciano con sotana que pasaba por ahí, tirarle bragas rojas y, puño en alto y arrugado el semblante en una mueca de estreñimiento, gritar como un cocodrilo en un dentista al oído del cardenal, o el otro día, sin ir más lejos, en una marcha que convocaron a la que llamaron Women's March, para protestar, entre otras cosas, por no sé qué bravuconería que había soltado Donald Trump cuando aún no había sido elegido presidente de Estados Unidos, en esa marcha, digo, hordas de mujeres ataviadas con grandes vaginas de plástico colocadas grotescamente sobre la cabeza a modo de sombrero, por favor, secuestran a tu hijo y ves que la policía no hace nada, el gobierno te expropia tu chalé y no te suelta un euro como compensación, no sé, te surge un problema verdaderamente grave, el que sea, y tu reacción es salir a la calle con una vagina de plástico en la cabeza, pregunto, pues no será tan grave tu problema, y si efectivamente lo es, compórtate como un adulto y enfréntate a él con lucidez y serenidad, ni tienes siete años, ni estás en carnaval, si tanto te preocupa ese asunto por qué vas hecha un fantoche, así lo único que consigues es desdramatizar tu causa, ningunearte, hacer el ridículo, ya, bueno, entiendo que quieras llamar la atención, pero es que llamar la atención no es algo intrínsecamente positivo, también se puede llamar la atención para mal, generar rechazo, desdén, aborrecimiento, piensa en el Experimento de la cárcel de Stanford, en esos guardias ficticios excediéndose en el desempeño de su rol, disfrutando del ejercicio de la crueldad al saberse amparados por la autoridad que se les concedió, el ser humano no es bueno, olvídate de Rousseau, piensa en Anton Schmid, en ese sargento alemán que arriesgó su vida desobedeciendo a sus superiores para ayudar a los judíos a escapar de los campos de exterminio y que fue finalmente ejecutado por los nazis, el ser humano no es malo, olvídate de Hobbes, el ser humano es voluble, flexible, nada puede el instinto frente a un neocórtex suficientemente entrenado, no se trata de no pensar, se trata de pensar, pero de pensar bien, adelante, el feminismo consiste en tirarle bragas rojas a un octogenario, el feminismo consiste en salir a la calle con una vagina de plástico en la cabeza, el feminismo consiste en pintarse los sobacos de colores, en fin, qué quieres que te diga, a mí que me registren, yo no soy feminista, no te confundas, bonita.

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