Noticia de un poeta

(Diario El Mundo, mayo 2011, Fernando Sánchez Dragó)

Iba a hablar de cosas varias (Bildu, la encuesta del CIS, el asesinato de Ben Laden, las ruedas de prensa sin preguntas, los bloques electorales de publicidad pagada por el contribuyente), pero sobre la mesa, milagrosamente materializado por un prestímano o quizá transportado por cualquier ángel de Alberti, aparece un libro de poemas tan excelsos que todo lo demás pasa a segundo plano.

Es de Rafael Sarmentero, se titula Dadá demodé, lo ilustra Bárbara Butragueño y lo edita Amargord dentro de su colección Hecho en Lavapiés.

En España hay tres poetas mayores, narrativos y emparentados entre sí, pues las raíces de sus respectivos versos se hunden y enredan, elevando lo anecdótico a categórico, en el revés de la trama de los, en apariencia, minúsculos sucesos del quehacer cotidiano.

Uno es Luis Alberto de Cuenca; otro, Roger Wolfe; Sarmentero completa la trimurti.

“Toda mi vida orientada a un objetivo: / ser el ser que quiero ser. / Todos mis pasos persiguen / acercarse un poco más a ese modelo”.

“Siempre que escriben / lo hacen en verso libre. / Qué encorsetados”.

Antonio Machado escribió: “Verso libre, verso libre! / ¡Líbrate mejor del verso / cuando te esclavice!”. Cito de memoria.

“Tantos países / y tu sitio en el mundo / era mi hombro”.

“Yo, por amor, / haría cualquier cosa / que exija poco”.

“Cuando apareces / con tus cuatro lunares… / ¿Qué iba diciendo?”

“El espejismo / a veces no es el agua / sino el desierto”.

“El discípulo pregunta: / ¿Es correcto perpetuar las / tradiciones o debemos / decantarnos por el cambio? (…) Su respuesta es contundente: / “Soy dadá contra el anciano / y demodé contra el joven”.

Yo también, Rafa.

“Me aconsejan que no saque un / libro en medio de la cena: / que leer con gente al lado / es de mala educación. / Pero qué hay de malo en ello…”.

Yo también me lo pregunto, Rafa. Lo hacía ya de niño.

“Tengo ganas / de un columpio entre tus ingles. / Eso es todo lo que quiero”.

No te caigas de él. Lo digo por experiencia.

“…y enjuagarse los sentidos / con Salinas, Espronceda, Luis Alberto, / Roger Wolfe, Rubén Darío”.

Y contigo, Rafa. Es lo que acabo de hacer. Llegó tu libro, lo pospuse todo, lo leí de un tirón, ahora estoy releyéndolo, y amanece.

Corran, amigos, hacia cualquier lugar –no habrá muchos– en el que vendan este libro. Cómprenlo. No lo presten. Limítense a aconsejarlo.

Andaba yo enfrascado, cuando me llegó, en el lento trajín de mis memorias. Lo interrumpí, y fui premiado. Ahora, en su primera página, junto a otras citas, campea ésta: “Sólo entonces da comienzo mi misión; la que, obviando sinsabores, / da razón a mi existencia: / la misión a vida o muerte de escribir”.