Maullemos juntos

(Diario El Mundo, enero 2011, Fernando Sánchez Dragó)

En Vigo están a punto de poner a quinientos mininos de patitas en el arroyo. El ayuntamiento se niega a seguir pagando los tres mil euros mensuales de la subvención necesaria para que el centro de acogida “Proyectogato A Madroa” no se vea obligado a cerrar sus instalaciones. Seguro que ese dinero se lo gasta cualquier concejal en idioteces protocolarias y comilonas de representación tirando de la tarjeta de crédito que entre todos le pagamos.

Se acercan las elecciones: el holocausto gatuno pasará factura. De momento, el día 29, a las seis de la tarde, los defensores de esos animales, a los que tengo por hijos, por hermanos y por maestros, y de todos los seres vivos, se concentrarán en la plaza de Fernando el Católico y desde ella se encaminarán hacia la del Rey pidiendo amparo para quienes tanto lo merecen. Mi alma los acompañará. Mi corazón, también. Mi cuerpo, por la lejanía, no puede hacerlo. Mi pluma, aquí la tienen…

Teseo, Sensei y Susto, desde Madrid, Damisela y Bufanda, desde Kioto, y Soseki y Puzo, desde el territorio del Arco Iris, se unen a la manifestación.

Hace poco escribí en este blog que cuando un gato muere, el universo tiembla. ¿Y si son quinientos? Me estremece pensarlo. Será un choque de supernovas. Señores del Concello: recapaciten, por favor. Aún están a tiempo. Si reaccionan, todos los gatófilos de Vigo les votarán.

Cedo ahora la palabra, en nombre no sólo de los gatos, sino de todos los animales, al excelente poeta y bonísima persona Rafael Sarmentero. Catorce versos dicen, según Lope, que es soneto, y soneto es lo que ese amigo me ha enviado…

LO JUSTO Y LO CORRECTO

Quizás no era correcto y le dio igual
amarrar a aquel perro con un cable,
rociarlo con un líquido inflamable
y encenderle un petardo en el bozal.

Arrastrar hasta un pozo al animal,
golpearlo de un modo miserable,
reducirlo a un estado lamentable
y dejar lo peor para el final.

A aquéllos que maltratan animales,
les deseo el mejor de los finales:
la condena a la pena capital;

si viven con el mal como proyecto,
su muerte es un final casi perfecto.
Quizás no es lo correcto. Me da igual.