Sarmentero inmortal y rosa

Entrevista. Blog El hombre que auspició al mundo, Daniel Vila García (diciembre 2015)

En 2009 supe de la existencia de Rafael Sarmentero por un guiño del azar. Andaba ocupado haciendo labores propias de mi sexo (a saber: limpiar la cocina, barrer la azotea, hacer la colada, tender ésta… etc.) cuando en un ir y venir del carajo apareció (¡oh, milagro!) un programa de Las noches blancas. En seguida, caí de hinojos ante El Genio.

Sarmentero es, a su pesar, un maestro ímprobo del cual aprender cada gesto. Rafael, como Sabina o Brassens, es tan joven y tan viejo que jamás se ocupa de seguir ninguna moda. Él es inmortal y rosa. Con eso basta. Para una víctima de la LOGSE es (casi) un imposible nombrar a un maestro. Rafael Sarmentero lo es indiscutiblemente. García Márquez decía despreciar a todos los tipejos que osaran usar adverbios acabados en «-mente» y, cómo querer ofender al maestro, que me perdonen los más sagaces lectores pero disfruto perpetrando esas obscenidades más que un poeta lírico acumulando ripios.

Concertamos una entrevista vía correo electrónico. Rafael disfruta de unos días de retiro en alguna localización de los mares del sur. Para no romper su descanso, nos citamos a entablar conversación con precisión inglesa de 17:00 a 20:00h. Con Sarmentero uno prescinde de cualquier pacto entre caballeros. Él es el canal de la caballerosidad. Nótese el uso de la segunda persona del singular. A continuación, les invito a ser cómplices de un sabotaje:

Primer asalto

Muy buenas tardes, Rafael. ¿Por qué has decidido concedernos esta entrevista? ¿Qué le ha llevado a Sarmentero romper su silencio para con los medios?

Soy un mal «proponedor» de cafés, pero soy un buen «aceptador». Esta cualidad puede extrapolarse a las entrevistas: si alguien se me acerca con buenas maneras a hacerme unas preguntas, lo más normal es que le conteste.

Hubo un tiempo en que me hacían más entrevistas, es cierto. El problema es que los medios ya se han dado cuenta de dos cosas: primera, que no me callo nada. Y segunda, que no encajo en el discurso de valores dominantes. Esto significa que voy a darles respuestas que no les van a gustar. Sé que ser anarcocapitalista y caballero (valga la redundancia), entre otras muchas virtudes, me granjea enemigos en todos los medios, incluso en las editoriales. Al final son ellos contra mí. Y soy consciente de que eso me perjudica a nivel comercial, pero lo acepto de buen grado. Sí, de acuerdo: son ellos contra mí; pero voy a ganar yo

Los medios tradicionales hace mucho tiempo que perdieron la comba frente a los digitales. De hecho, éstos ofrecen un circuito de consumo y expresión alternativo. ¿Renta aspirar a ocupar una franja para dialogar de libros en el actual sistema comatoso de televisión? ¿A qué precio Sarmentero autorizaría a Rafael ir a lo de Wyoming para hablar de su libro?

El Gran Wyoming es un ser absolutamente execrable. Esto es así. Para que yo fuese a hablar de mi libro a su programa tendría que rogármelo repetidas veces, pedir perdón por todas las maldades que ha soltado por su infecta boca y obsequiarme con uno de sus diecinueve pisos socialdemócratas.

Anunciaste hace una semana que retomarías tu llamada Etapa Rosa. ¿En qué consiste ésta?

Lo que yo llamo «etapa rosa» es un periodo durante el cual me resbalan todas las tonterías y las atrocidades que leo en las redes sociales. Es un periodo de paz absoluta en la que soy incapaz de tomarme nada en serio. Es un estado deseable para mi espíritu, y mi aspiración es hacer de estos periodos una filosofía de vida a tiempo completo.

De entre todos los proyectos que tienes horneando, ¿cuál verá antes la luz?

Es probable que lo primero que publique en este año entrante sea la segunda parte de la serie de ensayo egográfico «Cómo ser un genio», que llevará como título: Sano y salvo en Shibuya.

¿Eres consciente de haber creado escuela? De un tiempo a esta parte uno tiene la sensación de que has sentado cátedra. Muchos nuevos autores, jovencísimos, se acercan a usted con deferencia, lo tratan de verdadero maestro. Suelen ser chicos cultísimos. Raras avis para las víctimas de la LOGSE. ¿Cree que muchos tratan de copiar ese estilismo inconfundible de Sarmentero?

Soy consciente de este magisterio involuntario que ejerzo, y que mis pupilos se apresuran a aprehender. Sin embargo, a pesar de ello o, precisamente, a causa de ello, mis prosélitos saben que el camino del Genio es individual. Cada cual debe hallar el suyo propio porque el camino del Genio, por definición, consiste en encontrar tu propio camino. El único posible.

Segundo asalto

Sospecho que Sarmentero experimenta algo parecida a Lou Reed en la frontera de los '80s: todo lo publicó ya, se exprimió, nos entregó su mejor versión, le violenta tratar con las editoriales y no le apetece ver al público. Lleva meses puliendo su nueva piedra filosofal: la gran obra que volverá a anonadar a la afición y exasperar al tendido del siete. No olviden que estamos ante el Steven Spielberg patrio: comercial o de autor son únicamente dos etiquetas manidas para los eunucos de la literatura.

Sufrimos una estomagante resaca electoral. A ésta se le suma la indigestión navideña. ¿Cómo le afectan al ciudadano Rafael estos asuntos tribales? ¿Vive ajeno a ellos?

Procuro vivir ajeno a la política, que es un tema que siempre me ha desagradado. Lo que pasa es que, con la irrupción de Podemos y sus secuaces en las redes sociales, me siento en la obligación moral de estar al tanto de lo que ocurre para poder intervenir cuando lo considere oportuno. Como dice Sabina, «me gusta saber de qué vomito».

Te leí en Twitter que cualquier persona decente debiera combatir a Podemos. ¿Puedes explicarme esto?

El anarcocapitalismo —y en similar medida, el liberalismo laissez-faire— son sistemas políticos que defienden un sólo principio: Ninguna persona tiene derecho a iniciar la fuerza contra otra.

La socialdemagogia biempensante del buenismo progre ha hecho una propaganda tan desmesurada en contra del liberalismo, que dices que eres liberal y la gente te cataloga como un ser despreciable. «Perdone, pero si yo sólo estoy defendiendo el derecho de la gente a que la dejen en paz.» Nada, es imposible. Guayomin, su amiguito Nacho Escolar, diez millones de personas equivocadas y cinco millones de perroflautas han hecho bien su trabajo. Lo han conseguido: defender la libertad, en lugar de dignificarte, te estigmatiza.

De este principio de no agresión emana el resto de causas nobles. Por ejemplo, no puedes ser machista, no puedes ser racista (en el sentido agresivo del término), no puedes iniciar ningún tipo de violencia contra nadie. Pero tampoco puedes cobrar impuestos puesto que, si lo haces y el ciudadano se niega a pagarte, tendrás que iniciar la fuerza contra él para obligarle.

Podemos está, como partido de izquierdas que es, en el extremo opuesto de esta ideología. Defienden el derecho a iniciar la fuerza contra otros. Defienden un estado hipertrofiado que otorga tantos supuestos derechos a los ciudadanos que satura a los demás con las correspondientes obligaciones.

El único derecho ético es el derecho negativo. Es decir, el derecho a que nadie te quite nada ni atente contra ti. Si tú estás en una isla desierta y llega otra persona, tus derechos no pueden aumentar. No tiene sentido. Es deseable que no disminuyan, en efecto; pero no pueden aumentar. Como afirma un personaje de mi novela 8888 —una obra maestra que espero publicar en breve—: «Si la educación fuera un derecho, el Gobierno podría obligarte a ser profesor».

Con arreglo a esto, Podemos, por el mero hecho de ser de izquierdas, ya sería malvado. Pero podría tratarse de una maldad estúpida, como la de Izquierda Unida. Es decir, la maldad del que hace el mal más por tonto que por malo. Pero el asunto es mucho más grave: Podemos es malvado a sabiendas de que lo es. La cara es el espejo del alma y sólo hay que ver la de sus integrantes y, en gran medida, la de sus votantes. Un partido filoetarra que defiende regímenes bolivarianos y que ensalza a sus dictadores, populista a más no poder, que dice las cuatro tonterías que históricamente siempre se han dicho para encender a las masas y ganárselas en el plano emotivo para que les voten, no puede sino provocarme la mayor de las arcadas.

¿Hasta cuándo el hombre de la calle dejará su vida en manos de estos chapuceros llamados políticos? ¿Es tan difícil que alcancen la suficiente madurez de razón y gobierno para pilotar su propia existencia sin un tutor abusón y demagogo?

No es difícil. Es imposible. Sólo tienes que escucharlos: «Hay que ser imbécil para ser obrero y votar al PP». Pero, aquí, ¿de qué se trata? ¿De votar al partido que te parece mejor para tu país o al que te conviene personalmente?

Un partido liberal jamás podrá gobernar en democracia porque jamás lo votará la mayoría. La gente sólo quiere que le den. Quiere cosas gratis. Quiere derechos, derechos y derechos. ¿Derecho a qué? ¿Derecho a sanidad? ¿Derecho a educación? Pero vamos a ver: ¿Con qué derecho te arrogas tú esos derechos? ¿Por tu cara bonita? O sea, que por el mero hecho de haber nacido ya tienes derecho a que los demás costeen tus hospitales o tu educación. Y los demás, en simetría, tienen la obligación de hacerlo. Venga, hombre. ¿No te das cuenta de las burradas que estás diciendo? Esto no es ético ni es nada. Sí, ya sé que alguno dirá: «Tengo derecho a educación porque pago impuestos». Claro, pero es que no deberías pagar impuestos. Estás partiendo de un principio que ya va en contra de la ética. Si los quieres pagar y tener educación y sanidad, de acuerdo. Lo mismo que quien paga un seguro privado. Pero si no los quieres pagar, también debes poder hacerlo

Pero, como digo, la gente prefiere tener wi-fi que un sistema justo. Y se inventan idioteces tales como el «sueldo digno» y esas tonterías de parvulario. Y protestan. Eso es lo que mejor saben hacer: protestar. Y venga manifas con camisetitas verdes, con camisetitas blancas y con globos morados. Y el niño, el abuelo, y la bandera republicana. Y pancartas, muchas pancartas llenas de profundismos.

¿Por qué esta autoproclamada izquierda de nuevo cuño nacida en las entrañas de Sextemos y Cuatremos se reserva para sí repartir carnés de ética o cultura?

Porque el mal, para no sentirse culpable, tiende a inventarse razones que parezcan nobles. Enseguida te hablan del «bien común», de la «justicia social» y todas esas patrañas. Alguien debería advertirles que «justicia social» significa siempre, y por definición, «injusticia individual»

¡Caray, Rafael, raspa de la sardina! Crucemos el Rubicón. ¿Crees que una bajada del archifamoso IVA cultural animaría al personal a consumir? ¿No te embarga la sensación de que el público ha perdido, en general, la capacidad para admirar una buena obra?

Caca pop. Eso es lo que le gusta a la gente. Caca que puedan entender, asimilar, apreciar. Caca que esté a su nivel de indigencia mental. Gran Hermano, Sálvame, Hombres, mujeres y viceversa. Lady Gaga, Aserejé. Autoayuda en serie. O cualquier —cualquier— libro del top ventas de poesía contemporánea

Tercer asalto

Se puede decir más alto pero no más genio. No olviden que estamos ante el autor del siguiente poema:

Albert Einstein demostró que espacio y tiempo
son medidas relativas;
magnitudes que dependen
del momento y del lugar de referencia.

Del espacio conocíamos sus trucos:
lo que para mí es aquí
para ustedes es allí:
cerca o lejos según qué punto de vista.

Pero el tiempo sugería un absoluto:
el pasado era pasado
para mí y para ustedes.
Y era triste asimilar las consecuencias.

Gracias a Einstein ahora sé que el presente
sólo está en nuestras pupilas.
Ahora sé que existe un tiempo
cuando están los que yo quise y se marcharon.

Hablemos un poco de las malditas redes sociales. ¿Puede permitirse un autor contemporáneo darles la espalda? Te lo pregunto precisamente a colación de una intervención matutina de Salvador Sostres. El escritor barcelonés escribe sobre el ambiente de navajeo que respira Twitter por cualquier causa política lo siguiente: «Twitter es el gran retrete de la Humanidad, un submundo de cloacas y macarras en el que cualquier persona decente acaba por mancharse. Es una comunidad virtual que no supone ninguna representación de la realidad, y que todo lo desfigura para rebajarlo y pisotearlo sin remedio y sin piedad.» ¿Cuál es tu valoración?

Un autor puede permitirse perfectamente prescindir de las redes sociales, incluso de cualquier tipo de contacto con la sociedad. Otra cosa es que quiera vender libros. En este caso, no es imprescindible que tenga presencia en las redes sociales, pero le puede ayudar. Salvador Sostres acierta en su visión de Twitter, pero no estoy de acuerdo en que no suponga ninguna representación de la realidad, por desgracia. Twitter funciona del mismo modo en que lo hace la turbamulta cuando se trata de linchar a alguien: permite que la gente se ampare en el anonimato y en la delegación de responsabilidades individuales a la que invita todo colectivo. En Twitter, como en la vida misma, la chusma se alía para hundir a alguien y es muy difícil que no lo consiga. Ya lo dice el refrán: «Difama, que algo queda».

¿«Antes muerto o fugitivo/que institucionalizado?» ¿Sigues manteniendo aquello que escribiste?

Por supuesto. La victoria es una conquista moral. Esto quiere decir que no vale cualquier cosa. En 1997, Michael Schumacher embistió con su monoplaza a Jacques Villeneuve porque aquélla era la única forma que tenía de superarlo. La gente elogió el carácter ganador del alemán, apelando a que era capaz de cualquier cosa con tal de ganar. Pues para mí, eso no es ser un ganador. Un ganador sabe que una victoria pírrica es tan derrota como cualquier otra. Suscribo las palabras de un personaje de una novela de Carlos Salem: «Ganar sólo es ganar por goleada». Dicho esto, yo voy a seguir opinando lo que quiera en las redes sociales, casándome con nadie y escribiendo lo que me dé la gana. No voy a autocensurarme para que la editorial X me permita publicar en su catálogo, o para poder optar al premio literario Y.

¿Aún tienes sobre la mesilla de noche La virtud del egoísmo de Ayn Rand?

Lo cierto es que no he vuelto a leer ese libro, pero sí, volveré a él en un momento dado. No obstante, procuro alejarme de todo tipo de fanatismo. Quiero decir, que intento no limitarme a leer sólo aquello que comulga con mis ideas o que les da la razón a mis teorías. Yo no quiero tener la razón; quiero encontrarla. Si tú me haces ver que lo más ético es el comunismo, yo me hago ahora mismo comunista. Sin ningún problema.

Para Heinrich Heine «Nadie puede decir la verdad sobre sí mismo.» ¿Concluyente o diletante afirmación?

Todos practicamos el autoengaño como mecanismo de defensa. Y lo malo del autoengaño ya sabemos lo que es: que nunca podemos saber cuándo lo estamos ejerciendo

En Esos días azules. Memorias de un niño raro (Planeta, 2011) Fernando Sánchez Dragó escribía: «Nací raro, y lo sigo siendo. Quien raro nace, muere raro. No soy, de cierto, el único de tal laya entre los de mi cuerda. Estoy convencido de que casi todos los escritores, cada uno a su modo, son así: anómalos, excéntricos, extravagantes, incluso estrafalarios. La literatura exige singularidad, y la refleja.» ¿Vivimos rodeados de replicantes? ¿La literatura actual al democratizarse —y no socratizarse— ha alcanzado su mayor devaluación?

Yo no lo habría expresado mejor. Al suprimirse los filtros editoriales (cosa que me parece bien) y publicarse, literalmente, cualquier porquería, tenemos miles de libros malísimos publicados y decenas de miles de lectores que disfrutan de esa morralla contraintelectual. Estoy a favor de la mala literatura del mismo modo que estoy a favor de la telebasura: existen porque hay un público que los demanda. Libre mercado; así debe ser. Y todo cuanto puedo decir al respecto es: allá ellos.

Cuarto asalto

«Uno escribe como juega al fútbol.» Si seguimos este axioma de El Genio podríamos decir que Rafael se aproxima a ser a una mezcla entre un '5' clásico y un '10' de los '90s (cuando aún se jugaba con extremos, carrileros y delantero centro). Es decir, estamos ante un Pep Guardiola digievolucionado en Romario. ¿Esta suerte de cruce de potros es imposible? ¿A caso el gran Josep no tiene más de loco hidalgo brasileiro que O Baixinho? Alcancé a ver el eclipse del jugador Josep y aún hoy conserva esa intensidad única que embarga a cualquier apasionado . Por otro lado, Romário da Souza Faria actualmente es diputado por Río de Janeiro en la Cámara de diputados. ¿Alguien duda que Josep Guardiola, archipámpano de Cataluña, acabará siendo el primer presidente de la futura república? En definitiva, Zidane es Zidane porque se bregó de todocampista hasta convertirse en la Juventus en uno de los mejores mediapuntas de la historia. Toda esta evolución le sirvió para recalar en el Real Madrid, lucir el dorsal '5' y escorarse de falso extremo izquierdo, coincidiendo en esa banda con el no menos peculiar «lateral» Roberto Carlos. El fútbol, amigos, no renuncia a repararnos perplejidades. O lo que es lo mismo: Fernando Redondo fue capaz de hacer esa maravillosa jugada imborrable en el Teatro de los Sueños porque fue guiado por la voluntad de El Genio. Sí, aquel cantar de gesta merengue fue auspiciado por El Espíritu Santo.

Sé que eres un forofo culé. Precisamente ahora el Barcelona está en un momento excepcional de juego y de árbitros. ¿La pasión cansa?

Una pasión te cansa cuando ya la has agotado. La pasión es búsqueda. Mientras tengas la percepción de que aún no has descifrado el misterio o encontrado el tesoro, vas a seguir apasionado.

Japón es otra de tus pasiones más perenne. Hace unos meses visitaste Tokio por primera vez. ¿Qué tal la experiencia?

Tokio es tal y como la había soñado. Es incluso mejor de como la había soñado durante todos estos años; lo cual también, y paradójicamente, estaba contemplado en mi sueño.

Tokio es educación, silencio, amabilidad, limpieza, abigarramiento, estética, ritual, alegría, anarquía —y, sin embargo, orden—, tranquilidad… Pienso mucho en Japón. Quiero volver pronto a Japón

De esta suerte de viaje iniciático, ¿trajiste algo apreciable de vuelta?

Traje el deseo de regresar, la frustración por no haber visto —por azares del destino— cosas que consideraba imprescindibles, y una sensación extraña de no haber estado allí en realidad.

Rafael ha sido un placer que autorizaras a Sarmentero a compadecer. Es un honor para mí lograrte en exclusiva para los lectores de Neupic. Te deseamos un año 2016 lleno de paz rosa, «uasabi» y «té chai». ¿Algún mensaje final que quieras transmitirnos?

Gané.