Más inteligente que tú

La escritura que sigue un guión podría asemejarse al llamado «diseño inteligente». Primero se piensa el modelo y luego se desarrolla. Puesto que antes de ponerte a escribir ya sabes adónde vas, todo parece indicar que los resultados serán superiores a los obtenidos si escribimos sin esquema previo. Los más de veinte años que llevo ejercidos como programador informático avalan esta hipótesis. Un buen planteamiento facilita a todas luces la implementación de un mejor algoritmo.

Por otra parte, una escritura que se lleva a cabo sin un guión previo podría compararse con la evolución de las especies. Ninguna de ellas sabe adónde se dirige, pero en su trayectoria se va definiendo su destino. Cada reescritura del borrador resuelve un problema —se adapta al nuevo medio—, y equivale a la extinción de una generación que da paso en la siguiente a una versión mejorada de sí misma.

¿Cuál de las dos estrategias es mejor? Hasta ahora me he inclinado a pensar que la primera. No en vano, si nosotros diseñásemos, por ejemplo, un ser humano, lo haríamos mejor que la naturaleza. ¿O acaso no corregiríamos nuestros defectos más evidentes? Sin embargo, no hemos sido capaces todavía de diseñar —ni mucho menos construir— una entidad que piense. ¿Es a esto a lo que se refería Alberto Olmos cuando afirmaba que tu obra tiene que ser más inteligente que tú?

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