Manhattan en Vietnam

Dicen: «La democracia es un sistema imperfecto. Pero es el mejor que hemos encontrado hasta la fecha».

Lo dicen y lo repiten un año, y otro año.

Un genio sabe que sólo la pereza intelectual puede llevar a adoptar la democracia tal y como la concebimos como el mal menor imaginable.

Si en un grupo de tres personas, dos votan la opción A, la tercera persona nunca podrá disfrutar de la opción B. Dos impiden que uno pueda salirse con la suya. Dos imponen a uno su voluntad.

«La democracia es la dictadura de la mayoría», dicen algunos, con razón.

¿Hasta qué punto es ético un sistema que se sostiene en la discriminación por número? ¿Es moral que la mayoría tenga derecho a decidir sobre la minoría? ¿Acaso son, de algún modo, acumulables los derechos individuales?

Un genio sabe que la democracia actual no es justa. Y que necesita el concurso del azar. No se trataría de un sorteo para elegir los cargos públicos, como los atenienses hacían. El sistema funcionaría del siguiente modo:

  1. Todos los participantes emiten su voto.
  2. Se hace un sorteo entre todas las papeletas.
  3. La papeleta elegida muestra la opción ganadora.

Naturalmente, si dos votan A y uno vota B, habrá dos tercios de probabilidades de que salga A y un tercio de que salga B. Si muchos participantes votan A, unos pocos votan B y casi nadie vota C, lo más probable es que gane A.

Este sistema elimina por completo la discriminación por número que introduce la democracia actual. Los cuatro locos que votaron C tienen muy pocas opciones de ver ganar a su partido. Pero tendrán alguna. No están condenados de antemano, silenciados irremediablemente por la mayoría. Y lo más importante: cada votante tiene exactamente las mismas posibilidades de que su voto resulte elegido.

De nada, humanidad.

«No ser hipócrita, no ser diplomático, no ser pelota. Ese es mi mayor defecto. […] Gracias a Dios me falta modestia. No ayuda en nada». José Mourinho.

Escribo:

«El quid de la cuestión no esta en la propiedad de las cosas. Está en la propiedad de las cosas resultantes de un trabajo. Toda persona tiene derecho a su propia vida. Y su trabajo (y lo que con él construya) forma parte de su vida porque es tiempo invertido de la misma. Partiendo de esta premisa, afirmo: Ojalá el que hace gorritos compartiese sus gorritos con los demás. Es la obligación de hacerlo (el derecho de los otros a tener gorrito conlleva el deber del tejedor de los mismos a prestarlos) lo que atenta contra su libertad, contra su derecho (innato) a su propia vida y a lo que con su trabajo produzca. Por eso opino que el anarcocapitalismo es el único sistema ético posible y el que calca los mismos principios que me llevan a ser vegetariano. Cualquier otro sistema conlleva la obligación de compartir lo que legítimamente te pertenece (el fruto de tu trabajo), y por tanto genera esclavos. Convierte a un hombre libre en un esclavo de los demás. Pero valoro igualmente tu visión porque, aunque es errónea bajo mi punto de vista, persigue un fin que crees noble. Y eso siempre es loable.»

Y le doy a enviar.

Un pobre chaval propone en Facebook que sus contactos elijan el título de su futuro libro. Las opciones que plantea son las siguientes:

Me veo en la obligación de aconsejarle:

«Esos títulos me parecen pura basura, si se me permite la opinión. Dan literalmente asco. ¿Cuántos años tenemos? ¿13? Y además, un verdadero autor no pide opinión al público: lo elige él, como ente autónomo y soberano de su obra que es. De nada. Paz.»

Alguien tiene que hacer el trabajo sucio. Como dijo el poeta.

Amicus plato sed magis amica veritas. Como dijo el filósofo.

El problema técnico que plantea mi biopic es que para ser fiel a mi grandeza tendría que estar rodada entera con cámara grúa.

Me gusta la faceta protectora del personaje de Bill Murray en Lost in translation.

Me gusta la faceta chula y descreída del detective Rust Cohle interpretado por Matthew McConaughey en la primera temporada de True detective.

Mil novecientos noventa y seis. Concierto en París. Gira «Wild man blues». Woody Allen toca el clarinete.

«Nunca me rechazan. Simplemente descubro si una mujer tiene buen gusto o no». Ross Jeffries.

—No busques Manhattan en Vietnam.

—Tú eres Manhattan en Vietnam.

—[…]

Archivo

Suscríbete o tendrás cinco años de mala suerte

Si quieres recibir los artículos exclusivos para suscriptores, déjame aquí tu e-mail y yo personalmente te enviaré dichos textos cuando los publique. De no hacerlo, ya sabes que tendrás cinco años de mala suerte.