La receta de la felicidad

A menudo se diría
que no hay plan que te seduzca.
Cualquier propuesta te suena
a música de sartenes.

Las cupresáceas gritan
para hollar tu miopía
pero tú sólo recibes
postales en tonos sepia.

Pareciera que no hay nada
que te salvase del tedio.
Sin embargo la receta
no puede ser más sencilla:

Una Guinness en Dublín,
una Paulaner en Múnich,
una Kronenbourg en Niza
o una Sagres en Lisboa.

Una Skol en São Paulo,
en Boston, una Budweiser,
una Stork en Marrakech
o una Ottakringer en Viena.

Una Peroni en Venecia,
una Cobra en Benarés,
una Mithos en Atenas
o una Quilmes en Rosario.

Si no hubiese más remedio
podría servirte incluso
la salida de emergencia
de una Sapporo en Madrid.

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