LA HORA DEL MUNDO

Me he cargado mi reloj Casio.

Abrirlo no fue fácil. El juego de destornilladores de precisión que guardo en la caja de herramientas sólo sirvió para extraer tres de los cuatro tornillos de la tapa trasera del reloj, por lo que opté por llevar éste a la ferretería y dejar que el dependiente encontrase un destornillador apropiado. Como no los vendían sueltos, tuve que llevarme el juego completo, muy similar al que ya poseía.

Una vez retirada la tapa trasera, me encontré con una lámina de goma y, tras ésta, apareció la batería. Estaba sujeta con una especie de cepo, una lámina circular de un metal liviano.

En el tutorial de YouTube, el cepo se libera tirando con unas pinzas de un extremo y aplicando cierto toque sutil con la yema del dedo en el extremo opuesto. Ya. Claro. Qué fácil resulta todo en la ficción.

La trabilla metálica no cedió hasta que no le suministré una descarga de fuerza animal. No sólo la doblé, sino que resultó imposible volver a cerrarla porque con la acometida acaso se deprendió un pequeño fragmento de plástico que cumplía función de tope. A pesar de ello, el reloj seguía vivo, por lo que me apresuré a cerrarlo y volví a colocar los tornillos con la idea de que el proceso de cambio de pila había sido exitoso.

Me equivocaba: algunos botones no hacían contacto.

Al día siguiente, abrí de nuevo el reloj con la intención de recolocar el circuito integrado en la caja para ver si así los botones recuperaban su correcto funcionamiento. No fue el caso. Lejos de conseguirlo, el reloj se apagó y ya no se volvió a encender.

Nunca me confíes nada frágil.

Un famoso koan cuenta que el discípulo le muestra a su maestro un vaso lleno de agua hasta la mitad y le pregunta si el vaso está medio vacío o medio lleno. El maestro le da un manotazo al vaso y lo hace añicos contra el suelo. Yo tenía dudas, no sabía si salir a correr con ese reloj o si procurarme otro modelo todavía más sencillo. Tras el manotazo del maestro al reloj todo quedó mucho más claro.

Acabo de terminar el guión de mi próxima novela. Ochenta y cuatro capítulos. Nunca me había costado tanto escribir un guión.

Vengo de recoger el nuevo modelo, un Casio AE-1200WH-1B. A pesar de que puede mostrar la hora de diversos husos horarios, es un reloj bastante básico, muy económico —menos de treinta euros—, del que sólo usaré su cronómetro cuando me lo coloque en la muñeca a la hora de correr.

Pero que sepas que te quiero.

De alguna gente lo mejor que puedes tener es su insulto.

Iker Jiménez

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