La choni que lee novelas de fantasía

La camarera, que supura cierta esencia de choni aunque uno no sepa dónde ubicarla, si en sus facciones, su forma de hablar o su lenguaje corporal, comenta con su compañera su gusto por los libros de género fantástico.

Lamenta haberse dejado un ejemplar —con la encuadernación buena, la antigua— en el coche de un pibe que no se lo devolvió y con quién dejó de relacionarse. Afirma comerse un libro a la semana —en la RENFE (sic)—.

Me sorprende —tanto como me agrada— descubrir que, a pesar de las redes sociales, las aplicaciones de chat y las series de Netflix, todavía queden personas —camareras de perfil no precisamente intelectual— que siguen disfrutando sobremanera la extraordinaria experiencia que es leer.

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