Joaquín Sabina: el último liberal

Joaquín Sabina lo ha vuelto a hacer. Ha vuelto a ser él mismo, a publicar una canción acorde con la calidad y con la personalidad que durante tanto tiempo ha exhibido.

Puedes ver el vídeo musical aquí: [Vídeo]

De su nuevo tema —«Lo niego todo»— me han gustado especialmente los siguientes cuatro versos; no por su lirismo —la canción tiene otros superiores en dicha faceta—, sino por lo que significan:

El tiburón de Hacienda
confiscador de bienes
me ha cerrado la tienda,
me ha robado el mes de abril.

A Joaquín Sabina, persona de izquierdas, socialista o comunista, rojo, en fin, le parece que un probo trabajador del Estado que cobra impuestos para hacer posible el bienestar ciudadano es un «tiburón», esto es: un animal peligroso del que conviene huir. Este «tiburón» no recauda, confisca. Y cuando cobra para ayudar con el dinero del bueno de Joaquín a otras personas no tan pudientes como él, lejos de hacerlo feliz, lo deja abatido, triste, sin «mes de abril».

Todo socialista, todo comunista, todo rojo, todo estatista, esconde dentro a un liberal empedernido que se muere por salir. La libertad es un arquetipo. Todos somos liberales; todos hemos nacido para ser libres, no para ser esclavos. Y aceptar esta verdad es el primer paso para hacer de éste un mundo mejor.

La solidaridad, el altruismo, ha de surgir siempre del libre ejercicio de la voluntad. No nos gusta que nos la impongan. No nos gusta que otros metan la mano en nuestro bolsillo. Y, cuando lo hacen, nos rebelamos. Y nos ponemos a la defensiva. Cuanto más nos obligan a ser solidarios, más egoístas nos volvemos. Si esta sociedad es tan egoísta no es, precisamente, por lo que tiene de liberal, que es nada, sino por todo lo contrario.

Gracias, Joaquín Sabina, por todas tus canciones, tan hermosas. Por ésta, que también lo es. Y por esos cuatro versos, tan cargados, por fin, de honestidad.

Larga vida a Joaquín Sabina. Larga vida al liberalismo.

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