Fin y principio

Por fin pruebo el kombucha. De la mejor marca. No me gusta. Tanta expectación para esto. Y mira que yo tengo un paladar de combate que recibe con agrado casi todo lo que le llega. Pero el kombucha… Es que sabe mal el condenado.

Esta semana he conocido a dos cubanas: una señal.

¿Sabes cuáles son los tres sonidos más emocionantes del mundo? Cadenas de ancla, motores de avión y silbatos de tren.

¡Qué bello es vivir!

He salido a correr. Lo hago siempre por estas fechas. Las Navidades me alcanzan en Torre del Mar, y el placer de trotar sobre la arena, junto a la orilla, de noche, con un frío vivificante, no puede compararse al de hacerlo por el Retiro, aunque correr por este parque también sea agradable.

He soñado que me encontraba con Robert Rodríguez —el director de cine— y le decía que me alegraba mucho conocerlo porque así le podía comunicar lo que me había gustado su lección de cine en diez minutos.

S me propone que la ayude a hacer un rap. A cambio, ella ilustrará la portada de Fucsia fantasía. Empiezo a escribir el rap el viernes por la tarde. Lo termino el domingo por la mañana. Fortaleza y flaqueza de mi carácter: dame un reto y no podré pensar en otra cosa.

No se trata sólo de ser superior. También hay que parecerlo.

Y ésta se la dedico a todos los hipócritas que alguna vez criticaron los selfies.

Qué bonita la expresión inglesa «out of the blue».

Si me he colado ha sido porque no considero que la posición en la fila sea un criterio de prelación relevante.

El otro día me enseñaron la foto de un bebé en el móvil y dije: «Qué feo». Be real.

Si alguna vez tengo un hijo —situación que ahora mismo no contemplo, pero que quién sabe si se dará en algún punto de mi biografía—, le descubriré los Cuenta Cuentos. Seguramente yo no sería el que soy si cuando tenía cinco o seis años mi madre no hubiese aparecido una mañana con el número seis de la colección. Qué momentos tan extraordinarios pasamos mi hermana y yo escuchando aquellas cassettes durante los minutos que precedían al sueño.

Acompañando los cuentos venían algunas canciones. Una de mis favoritas era «El Reino del Revés»:

Me dijeron que en el Reino del Revés
hay un perro pequinés
que se cae para arriba
y una vez
no pudo bajar después.

«Que se cae para arriba» es buenísimo.

El año toca a su fin. En febrero publiqué Literatura extrema, en junio, Antología, y en octubre, Violencia zen.

Días no laborales éstos, que uno tradicionalmente aprovecha para hacer balance de lo pasado y sentar los cimientos de lo que ha de venir. Y mi primera decisión es la de limitar la redacción de estos textos en favor del avance de la novela en la que ando sumido. La tarea, cada vez más exigente, requiere que concentre en ella toda —o casi toda— mi energía. Estoy convencido de que la Historia de la Literatura me lo agradecerá.

Dirígete al Oeste, hasta que el Este
sea el Oeste también, fin y principio.

José María Fonollosa, «Leroy Street».

El cierre a este año ya casi concluido sólo lo puede poner Frank Sinatra interpretando «My way».

Feliz año nuevo.

Salud, anarquía y mochis de judía.

Archivo

Suscríbete o tendrás cinco años de mala suerte

Si quieres recibir los artículos exclusivos para suscriptores, déjame aquí tu e-mail y yo personalmente te enviaré dichos textos cuando los publique. De no hacerlo, ya sabes que tendrás cinco años de mala suerte.