El placer de la creación

Fiesta de cumpleaños en casa de B. Primera vez que visito su nuevo piso. Casa espaciosa, decorada con gusto, con una gran terraza que goza de magníficas vistas.

Estoy sentado con I, que está dibujando a D, y comienza a granizar. Aunque nos protege la sombrilla, el granizo golpea las sillas de plástico y rebota en todas las direcciones. Uno me da en la oreja.

Entramos en la casa. Afuera sigue prendida la barbacoa.

¿Sabías que los boy scouts no podían ser ateos?

Cuando la lluvia se detiene, regresamos a la terraza. Hace un frío glacial, por lo que B saca unas mantas y yo me coloco una a modo de capa.

Se me ocurre la siguiente reflexión: ¿No deberían pedirse únicamente autógrafos a los escritores, y dejar las fotos para otro tipo de personajes ilustres?

Hace ya unos cuantos meses que dejé de interesarme por las noticias —aunque, indefectiblemente, algunas permean mi espacio y llegan hasta mí—. El tiempo que perdía —porque ése es el verbo adecuado: «perder»— sumido en todo ese papel mojado, lo empleo ahora en leer artículos personales y atemporales de mis escritores favoritos. Así, en lugar de consultar la actualidad en El Mundo, leo el blog de Dragó. En lugar de hojear El País, leo el blog de Roger Wolfe. En lugar del ABC, el blog de Jaime Bayly. Y en lugar del AS, el blog de Derek Sivers. Complemento estas lecturas con ocasionales picoteos en otros blogs.

Por lo visto, soy la única persona de Madrid que bebe rooibos con leche. En fin, lo de siempre. La camarera de la cafetería en la que he desayunado no sabía cuánto cobrarme. «Es que nadie lo ha pedido nunca», ha dicho.

Unos días atrás: retomo la escritura de la novela, que había interrumpido momentáneamente para avanzar en otros de los varios proyectos que suelo simultanear.

Existe una desproporción entre el tiempo medio de vida del ser humano y su capacidad intelectual. ¿Cómo teniendo tanto por ver, por pensar, por viajar, por hacer, tantas ideas, tantos planes, vivimos tan poco? Hay olivos que viven dos mil años. ¿Qué hace un olivo con dos mil años?

La lectura de lo que llevo escrito de la novela hasta la fecha me resulta atractiva. La prosa es refrescante, extraña, prometedora. Claro que, como dice Juan José Millás, la opinión del autor no es importante. Y yo tan pronto pienso que tengo entre las manos una obra maestra, como me cuestiono si acaso no habré vuelto a fracasar en la tentativa. Estos dos pensamientos se suelen alternar de manera indefinida a lo largo del tiempo.

El placer de la creación es inconmensurable. Estoy muy agradecido a la vida por brindarme la posibilidad de escribir.

Sé caer bien y sé caer mal. ¿Qué más habilidades sociales se necesitan?

(Smiley.)

Tarde de xicos. Voy con D a la Librería Desnivel. Teníamos ganas de conocerla desde hacía tiempo.

Entramos. En el hilo musical canta Joaquín Sabina. Su voz nos acompaña durante el tiempo que pasamos allí. Se diría que nuestra visita ha sido acordada y que nos quieren recibir por todo lo alto.

Comparto con D el gusto por la música del Maestro. Y bastantes cosas más. Entre ellas, nuestra querencia por llevar el móvil guardado y olvidarnos de él durante horas. Y como te pongas tonta, te reseteo los chakras.

De la librería, que nos causa una grata impresión, nos dirigimos a una cafetería que le quiero descubrir a mi amigo. Sentados a una pequeña mesa redonda de color turquesa, nos embaulamos sendos tés matcha mientras deshilachamos una hilarante conversación.

Ocurre algo curioso con D: me comenta algo sobre la poesía de Vázquez Montalbán, y da la enorme casualidad de que el día anterior, mientras me duchaba, me había acordado yo de ella. Descubrí la poesía de Vázquez Montalbán hace unos diez años. Desde entonces no había vuelto a tenerla en mente. Más carambolas junguianas.

Me acuerdo de la contestación que siempre nos daba un profesor de la universidad cuando le comentábamos el más mínimo percance que estuviese sufriendo nuestro ordenador: «Cámbiate de equipo».

Charla sobre Historias del Kronen con motivo de una nueva edición al cumplirse el veinticinco aniversario de su publicación. Conozco a P.

José Ángel Mañas dice: «[…] yo estaba visitando a una amiga, que luego sería mi mujer. Veinticinco años llevo con ella, y veinticinco años siendo fiel. Yo es que soy una persona fiel y me gusta decirlo».

Emisión de Mensaka en el bar Picnic. Conozco a L, la editora que organiza el evento. Conozco a G y a C. Tras la proyección, Mañas dice que le ha gustado mucho. A mí me ha resultado bastante plana e intrascendente, de modo que seguramente tenga buena nota en FilmAffinity.

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