El deseo de agradar (6): Cómo pasar de una persona

Mi amiga X y yo hemos convenido llamar a esa actitud «Modo ahorro de energía». Consiste en no esforzarse en una relación ni un ápice más de lo necesario; en adoptar un rol, no ya pasivo, sino de muerte cerebral.

Te voy a contar cómo hay que hacer para pasar de una persona, a fin de que tú también puedas hacerlo en casa incluso sin la supervisión de un adulto.

Pero antes, debemos preguntarnos: ¿Cuándo hay que pasar? Bien. Verás. Si a ti lo que te gusta es que te quieran tanto como quieres tú, lo que necesitas es una relación simétrica. Esto significa que menganito sale del punto A en dirección al punto B al mismo tiempo que fulanita sale del punto B en dirección al punto A. Cuando se encuentran en mitad del camino, la relación es simétrica. Cuando menganito o fulanita caminan más allá del punto medio, la relación es una mala inversión.

¿Sabes cuál es el problema? Que hay muchos fulanitos y muchas menganitas que han sido los niños mimados de papá y mamá. Durante la infancia les han dado todo lo que han querido, y eso les ha generado la creencia de que se lo merecen. De que el universo les va a profesar el mismo amor incondicional con que les han obsequiado sus padres. Por existir. Porque ellos lo valen.

Este tipo de persona tiene bien entrenado el músculo de recibir, pero totalmente atrofiado el de dar. Para ellos el amor no es simetría, sino un enorme embudo que conecta con su boca.

¿Cómo pasar de una persona? Sólo tienes que seguir estos dos pasos:

  1. Olvida su existencia.

  2. Líate con una sueca de dieciocho años.

Uno de los puntos es de fácil ejecución. Pero el otro, no. Y es que olvidar la existencia de una persona y obrar en consecuencia —es decir: no obrar— no es tan sencillo. El wu wei, la no-acción de los chinos asiduos al zen te llena la cabeza de cartuchos de dinamita y las manos de cerillas.

La clave para conseguirlo es pensar del siguiente modo: ¿Te gusta ver a tu amiga W perdiendo el tiempo detrás de Z? No, ¿verdad? Pues no quieras para ti lo que no quieres para ella.

Dice no sé quién en las redes sociales: «Si me quiere, me buscará. Y los dos pensaron lo mismo». ¿Y qué? Ésa es la actitud: si te quieren, te buscarán. Y el otro que piense lo que le dé la gana. Si piensa lo mismo que tú, es su problema.

En las Cíes, por cierto, muy bien.

Me he comprado una esponja de la marca 3M. Es morada y huele a calamar secado al sol. Los vendían en Tailandia a modo de aperitivo. Parece que 3M les ha encontrado otra utilidad.

Empecé un videoblog hace un par de semanas. Quiero documentar el proceso de escritura de mi próxima novela y he pensado que escribir sobre escribir puede ser contraproducente. Prefiero reservar las energías para la novela. Una novela exige constancia y es mejor estar fresco. Claro que, soy escritor; quizás acabe contando el proceso en letra impresa. Quién sabe. Por lo pronto, me apetecía probar el formato vídeo. ¿Qué puedo decir sobre el mismo tras subir dos vídeos? Que me mata la lentitud. Hay que editar, sincronizar el sonido, renderizar el vídeo y subirlo. Nada que ver con la inmediatez de la escritura. Y no digamos si, además, te lo tomas más en serio y ya empiezas a pensar en focos y en trípodes y en grabar en un determinado espacio de la casa. A eso yo me niego. Lo suyo, para mí, es grabar en cualquier sitio. Aunque sea cogiendo el móvil o la cámara con la mano, en plan selfie. No digo que siempre haya que grabar así, pero si te pilla en la calle con mala iluminación, pues se hace.

Mi amiga X, por cierto, ha recibido noticias de Y tras ejecutar convenientemente los dos pasos del algoritmo. Buen trabajo.

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