El deseo de agradar (2): Mi amiga X me dice que no liga

Le escribo: «Ya no me apetece. Yo no quedo con alguien que tarda dos días en contestar. Saludos.»

C no lo sabe, pero estoy siendo deliberadamente incisivo. Lo habitual en mí habría sido dejarlo pasar. Es una chorrada. Un día, dos días, tres tristes tigres comían trigo en un trigal… ¿Qué importa? Pero estoy haciendo un estudio de campo. Estoy escribiendo esta serie; tengo que investigar, tengo que llevar las cosas al límite, tensar el arco. Quiero probar eso que Brad Blanton denomina «honestidad radical».

C lamenta mi falta de tolerancia y de paciencia y me recuerda las adversas circunstancias en las que se encuentran inmersos tanto ella como su familia debido al cáncer que padece su padre.

A veces soy un bocazas.

Como aquella vez en Los Diablos Azules, en la que subió un chaval al escenario y empezó a recitar de memoria, y a la segunda vacilación le dije: «Eso te lo estás inventando». Y el chaval replicó: «Hago un esfuerzo porque no tengo prácticamente visión y me ofende que me hagan comentarios como éste».

A esto se le llama en mi pueblo «caerse con todo el equipo».

A veces soy un bocazas. Lo asumo.

En ese momento empecé a pedirle disculpas al chaval y todavía no he terminado.

El otro día salí a correr. Me sentí muy bien esa noche y también a la mañana siguiente. Me notaba pleno de energía. Dormí de un tirón las dos noches.

Con frecuencia no salgo a correr porque creo que me va a quitar tiempo para escribir y sucede justo lo contrario: gano tiempo porque gano energía, estimula mis ideas y duermo mejor.

Mi amiga X me dice que no liga. O, más concretamente, que sólo liga con tíos que no le gustan.

X no es de las que pasan desapercibidas por su físico, así que me pregunto si no habrá una disonancia entre lo que ella ofrece y lo que buscan los tíos que le gustan. O si acaso es posible que no se esté mostrando ante esos tíos tal y como ella es en realidad.

Esta cuestión engarza de nuevo con el asunto de la honestidad. El carisma también creo que está relacionado con la honestidad, y ambas con lo que yo he tenido a bien denominar «el deseo de agradar». El deseo de agradar es anticarismático. Intenta gustar a los demás y conseguirás el efecto contrario.

¿Qué pasa cuando las personas, cansadas de fracasos sentimentales, tiran la toalla y afirman no querer relacionarse más? Que de pronto encuentran a alguien. Aquí saco otra conclusión: esta renuncia provoca que esas personas se comporten de manera natural en lugar de esforzándose por agradar.

Tienes que ser honesto. Ir de cara. Sin miedo. Hago aquí un elogio explícito de la agresividad. De la agresividad de cuello blanco. Habla. Di lo que piensas. Me gustas. No me gustas. Me haces ilusión. No me parece bien tu comportamiento. No tengas miedo de su reacción. Es buena. Es mala. No es tu problema. Sólo debes preocuparte por lo que depende de ti. En el fondo, todos los caminos conducen a Epicteto.

Desde que estuve, niña, en Tailandia, no se me puede olvidar.

«Yo sólo conozco una forma de ligar que funcione», le digo a X, «que consiste en ser absolutamente genial. Quiero decir: limitarse a existir. Yo creo que si tú llegas y simplemente existes, el resto viene solo».

Si eres excepcional, tendrás más posibilidades de encontrar a alguien excepcional. O eso quiero creer. Es obvio que no le vas a gustar a todo el mundo. No le vas a gustar a ésa que bebe los vientos por el rastafari fumaporros del tercero. Pero es que a ti esa tía tampoco te interesa.

Aun así, es normal que cueste encontrar a alguien valioso. No es fácil hallarlo en esta sociedad de gente adocenada que está cortada con el mismo patrón, donde es ya incluso una quimera el mero hecho de encontrar una persona sin tatuajes.

Si sientes cierta apatía, haz ejercicio. Si estás en un momento de tu vida en que las dudas se mezclan con las certezas, haz ejercicio. Si experimentas una cierta sensación de parálisis, de estancamiento, haz ejercicio.

Cuando tenía unos quince años, mi prima me dijo: «Eres buena persona, pero demasiado chulo». Me dio que pensar. El sábado pasado, mi hermana me dijo: «En Madrid estás muy serio». Tal vez tenga razón. Sólo estaba cansado, pero tal vez tenga razón.

Terra australis nondum cognita. Qué bonito el adjetivo austral. El sur como metáfora de la felicidad. Percibo que muchos de mis textos desprenden un evidente deseo de huida.

Archivo

Suscríbete o tendrás cinco años de mala suerte

Si quieres recibir los artículos exclusivos para suscriptores, déjame aquí tu e-mail y yo personalmente te enviaré dichos textos cuando los publique. De no hacerlo, ya sabes que tendrás cinco años de mala suerte.