El aburrido

Ni hablar de hacer vivac en Cercedilla.
¿Tú estás loco? ¿Dormir a la intemperie?
¿Qué quieres, que me rapten?
¿Que me pique una araña violinista?
Y encima en un pueblucho de catetos.

¿Que montemos en bici por la calle?
Quita, quita; qué miedo.
Soy una señorita.
Me ofreces unos planes muy extraños.

Esa película que me propones
es de acción y ya sabes
que ese tipo de cine me marea.
De verdad, ya lo siento. Es algo físico.
Te prometo que yo no lo hago adrede.

Rafael: las piscinas me dan asco.
Todo el mundo ahí desnudo; apretujado.
Pero puedes ir tú si te apetece.

¿Una pizza vegana? No fastidies.
Con las ganas de queso que yo tengo.
Y además el local es horroroso,
con ese mobiliario en tonos flúor
tan propio de prepúberes
que esa noche se dan su primer beso.

¿Este finde en París? Me encantaría.
Pero debo estudiar, que el martes canto
y quisiera llevar ochenta temas.

Me duelen ya las piernas, estoy harta:
lo único que hacemos es andar.
Nos pasamos la vida paseando.
¿No podemos hacer lo que hace todo el mundo?
Quedar con los amigos… Tomar un par de cañas…
Rafael, no te enfades, pero es obvio
que tú no eres un hombre divertido.

* * *

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