Cuanto sé de los pomelos

El mejor precepto ético es hacerse la siguiente pregunta: «¿Me gustaría que mi padre/madre actuase así?» Son sesenta euros, por favor.

Escucho Fade de Alan Walker en versión electrónica. No está mal para un melófobo.

Llevo un tiempo escribiendo unos poemas a los que me refiero como «divanes»: «Diván 1», «Diván 2», …, «Diván n». La característica de estos poemas es que, en contra de lo que acostumbro, me pongo a escribirlos sin un plan. Escribo a lo que salga y luego trato de descubrir qué he querido decir. Psicoanálisis, recreo y/o simplemente basura.

He llegado a Torre del Mar y antes de subir a casa me he parado en la frutería y he comprado un kilo de pomelos para hacerme un zumo. Nos complicamos la vida. Pensamos en smartphones cuando deberíamos estar pensando en pomelos.

«Desde mi presente —e intento concretar—, no puedo condenar a quien fui en el pasado por la sencilla razón de que aquel a quien ahora juzgo y repruebo es otra persona. Actuamos siempre conforme a la sabiduría que tenemos en cada momento, y si actuamos mal es porque, al menos en ese punto, había ignorancia. Es absurdo condenar la ignorancia pasada desde la sabiduría presente.» (Biografía del silencio, Pablo d'Ors.)

Pero, ¿qué es la identidad sino la persistencia de la existencia? Si tú ya no eres tú, ¿quién eres tú?

Llamo madurez sentimental a que el número de peleas en IKEA con tus sucesivas parejas siga una función logarítmica. Feliz fin de semana.

Mi hermana —una sabia— dice que uno de los grandes problemas del ser humano es que no sabe lo que es. Hay animales monógamos y animales polígamos. Y todos ellos actúan conforme a su naturaleza. Pero el hombre no conoce su naturaleza. Y aunque la conociera —digo yo— tendría la capacidad de saltársela si ello le reporta un beneficio. La cuestión es: ¿Por qué ni aun pudiendo elegir su conducta sexual encuentra el ser humano el camino que le es más propicio?

Tal vez —y sólo tal vez— uno de los efectos de las medidas anticonceptivas sea este desconcierto. Fornicar sin consecuencias puede haber alterado nuestro impulso natural. Y los aviones. Y las grandes ciudades. No soy sociólogo; tan sólo soy el mejor escritor de todos los tiempos.

Está claro que en algún punto de mi biografía ―más temprano que tarde― voy a aprender a jugar al Bridge. Creo que me pega.

Desde la perspectiva del cosmos, el hombre es un ser insignificante. Especialmente en tu caso. Paz.

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