Crónicas coronavíricas (5): Cartas de amor durante la pandemia

Acabo de terminar de releer La cueva, de Tim Krabbé. Es una de mis novelas preferidas de todos los tiempos. Cuenta una historia triste, muy triste. Pero emana de ella una belleza que se impone a tamaña fatalidad.

Llegué a Tim Krabbé por la película Desaparecida, que está basada en su novela La desaparición y es muy similar a ésta. También se trata de una obra bella y fatal.

A mis lecturas de Krabbé se añade La hija de Kathy. También he comenzado —y abandonado— El ciclista. A su novela Marte Jacobs le tengo echado el ojo; en español no está, eso es seguro. Espero que sí esté, al menos, traducida al inglés.

Llegó una carta desde el frente, cantaba Andrés Calamaro. La carta me la escribió María. Una carta de amor manuscrita. Me la envió por Glovo junto a varios pares de guantes de nitrilo, una mascarilla y un paquete de cuatro galletas Oreo. Probablemente el detalle más bonito que han tenido nunca conmigo.

En la carta me explicaba que durante las guerras la gente se escribía cartas de amor, y que le parecía adecuado que yo recibiese una en medio de una pandemia.

Naturalmente yo también le envié una, acompañada por un pequeño acopio de provisiones varias.

Me estoy terminando de leer los diarios que Jordan Mechner escribió mientras diseñaba y programaba el videojuego Karateka: The making of Karateka. Journals 1982-1985. Son muy interesantes.

Asimismo he empezado a publicar un fanzine: Fanzine X: Fanzine misántropo digital, donde daré cabida a textos, dibujos y vídeos de otras personas.

Día cuarenta y seis desde que se decretó el estado de alarma.

Doscientos treinta y seis mil ochocientos noventa y nueve casos confirmados en España. Veinticuatro mil doscientos setenta y cinco decesos.

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