Crónicas coronavíricas (4): Apagón cultural

Han convocado una huelga (?) para hoy y mañana —diez y once de abril— bajo el lema «Apagón cultural». No he prestado mucha atención a las bases del manifiesto —si es que lo hay—, pero creo que se quejan de que el gobierno no les da no sé qué.

Siempre me ha parecido patético esto que llaman Cultura —en mayúsculas—, que normalmente no es otra cosa más que una caterva de vividores, una piara de bigardos autosatisfechos que se pasa el día lloriqueando para que Papá Estado costee sus caprichitos de Artista —también con mayúsculas— a tiempo completo.

Debo añadir asimismo que no me gustan las quejas. Todo el mundo está siempre quejándose de algo. La queja puede tener una utilidad liberadora para quien la profiere; pero cuando se convierte en un discurso recurrente, entonces no sólo no libera, sino que esclaviza. Debilita. Te hace creer que eres más dependiente de lo que en realidad eres.

Nunca he hecho huelga, salvo cuando era pequeño, que veía en ellas motivos tan buenos como cualquier otro para no asistir a clase. Hoy no pensaba publicar nada, pero no he podido resistirme porque adoro la figura del esquirol. El esquirol es un héroe; alguien que tiene la determinación de apostar por aquello en lo que cree sin dejarse influir, condicionar, ni achantar por la habitual cobarde y tiránica turbamulta. Paz.

También esta mañana he estado escribiendo; novela, concretamente. Setecientas seis palabras. ¿Habré incurrido, sin pretenderlo, en la mal llamada huelga a la japonesa?

Por lo demás, estos días estoy viendo más películas que antes. He visto El color del dinero —4/10; me la esperaba mejor—, Rush —6/10; bastante lograda—, Burning —5/10; murakamiana, pero creo que lo murakamiano opera mejor en la literatura que en el cine—, El hoyo —2/10; una basura agitprop, una master class sobre el capitalismo para niños de cinco años que yerra por entero al criticar, en realidad, el totalitarismo—, y dos capítulos de la primera temporada de Colombo —6/10; agradable—. También he empezado a ver Voyeur, el documental acerca del libro que Gay Talese escribió sobre el mirón de un motel.

Estos días también he estado haciendo un curso de Scrum. Me interesan las metodologías de trabajo —un purista diría que no es una metodología, sino un framework—, y pensé que podría ser interesante aprenderlo de cara al futuro. Uno nunca sabe lo que éste le depara, y está bien ampliar la baraja por si en algún momento se tercia jugar otros naipes.

En la penúltima clase del curso, el profesor nos instó a hacer un ejercicio llamado Érase una vez. Cuando me pidió que leyese el mío, le respondí que no lo había hecho.

—¿Y eso? ¿Por qué no lo has hecho?

—Porque no me apetecía.

Fui sincero.

—Es que me parece más un ejercicio literario que un ejercicio de Scrum.

Verás, el Scrum en sí mismo puede estar bien. No digo que no. Pero yo no estoy para estas tonterías. Yo no estoy para dibujar barquitos, rocas e islas, ni para hacer redacciones de preescolar. Seamos adultos.

Luego hice el ejercicio por mi cuenta, pero porque me apeteció como ejercicio literario, no de Scrum. Se trataba de partir de los comienzos de unas frases que te daba el profesor y completarlas por tu cuenta. Quedó así:

«Había una vez… una máquina tragaperras y todos los días le echaba monedas hasta que un día me tocó el premio gordo y por eso seguí echando monedas, y por eso continué echando monedas, hasta que finalmente me arruiné, y desde entonces soy un ludópata arruinado.»

Mi amigo el mirlo vino de nuevo a visitarme. Se posó durante unos segundos en la barandilla del balcón. Le hice una foto. Y se marchó.

En cuanto a las supuestas aguzanieves, el otro día tuve una revelación en forma de eureka: son urracas. ¿Cómo no lo había pensado antes? A la pareja de urracas las veo casi todos los días. Se posan en las ramas del árbol que tengo enfrente del balcón, que ya ha empezado a retoñar.

Día veintisiete desde que se decretó el estado de alarma.

Ciento cincuenta y siete mil ciento trece casos confirmados en España. Quince mil novecientos ochenta y un decesos.

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