Crónicas coronavíricas (1): Mi primer sushi

Por lo visto, ayer, Pedro Sánchez —en adelante tu presidente— decretó el estado de alarma para todo el país.

Esta imposición, entre otras restricciones, comporta medidas drásticas como el cierre de bares y restaurantes, de parques y polideportivos, así como el confinamiento hogareño de todos los españoles, salvo el de aquéllos que estén ejerciendo determinados trabajos, y en casos de extrema necesidad, como ir a la peluquería —tu presidente considera que una mujer de ochenta y siete años no se puede jugar la vida lavándose el pelo en su casa— o a comprar tabaco.

Llevo teletrabajando desde el lunes. Mi jefe —hombre cabal— nos animó a ello anticipándose a lo que después se ha convertido en práctica nacional.

Como llevo quince años viviendo solo —con alguna momentánea excepción— y siempre estoy ocupado en diversos menesteres creativos, la medida no me supone un sacrificio excesivo. Extraño un poco, eso sí, las caminatas y escribir en las cafeterías.

He aprovechado el confinamiento para crear un foro destinado a que los varones heterosexuales compartan sus malas experiencias sentimentales: «EXNOVIA Club: Te ayudamos y nos ayudas a superar las rupturas».

Pasé el viernes por la noche y todo el sábado con María. El viernes vimos La soga e hicimos karaoke de madrugada. El sábado jugamos al Hive, preparamos sushi y vimos Recuerda.

Anoche, a una hora concretada de antemano, que ni recuerdo ni me apetece consultar, los vecinos salieron a los balcones de sus domicilios y aplaudieron a los médicos y resto de facultativos por su encomiable labor haciendo frente a los estragos de la pandemia. Esta mañana todos se solazaban en las redes sociales por dicho gesto. Me preocupa que todo el mundo —incluso gente que aprecio y/o respeto— considere bonito y se emocione con los aplausos a los sanitarios en los balcones y que a mí, por contra, me parezca un acto pueril y un reflejo de nuestra infantilizada sociedad. ¿Podría ser un psicópata?

Trato de aludir a las noticias lo mínimo posible porque a mí la actualidad siempre me ha dado un poco de asco, máxime cuando reflexiono sobre lo sencillo que es conseguir lectores simplemente escribiendo sobre ella.

Yo lo que quiero es vivir en mil novecientos cuarenta y seis, como Ben Sansum. Haciendo trampas, también, como él. Y escribiendo novelas y diarios peculiares y atemporales.

Mi novia dice que le gusta más cómo soy en persona que en el blog. Que en el blog voy un poco de guay.

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