Conozco a Rafael Berrio

Estoy en el Maravillas Club. Vengo a estos antros como quien se acerca al bar del pueblo: para saludar a los amigos y departir un rato con ellos.

Aunque me considero un solitario —no sólo disfruto la soledad; con frecuencia, la busco—, soy, mal que me pese —biología obliga—, un ser social; y de vez en cuando necesito interactuar con los de mi especie para no sentirme completamente aislado.

Me dan grima los hombres que hacen apología del feminismo. Los veo como una suerte de emasculados en el mejor de los casos, y de babosos deshonestos en el peor.

Maravillas Club, decía. Alguien toca una guitarra. Alguien recita. Llevo ocho meses sin aplaudir.

Puede que uno de los males más significativos de los que adolece la sociedad —y del que derivarían muchos otros— sea la falta de entusiasmo. Me he levantado a las 06:50 para escribir este texto. Dentro de unos minutos, cerraré la libreta y me iré a trabajar. Estoy terminando un programa que he ido desarrollando durante meses para invertir en bolsa. Tengo una lista de considerable longitud de planes pendientes y de viajes por llevar a cabo. Sin embargo, miro a mi alrededor y sólo veo gente desorientada, bloqueada por su propia indeterminación, por su falta de convicción. ¿Se puede ser feliz sin un propósito en la vida? Viktor Frankl y yo creemos que no.

¿Qué harías si tuvieses tiempo y dinero ilimitados? Pues ése es tu propósito en la vida. ¿A qué esperas para desempeñarlo? Busca lo que te hace feliz y mueve el culo. Ya lo dice Nike con uno de los mejores eslóganes publicitarios: «Just do it».

Si quieres aprender un poco de liderazgo, empieza por no hablarle a tu bebé como si el bebé fueras tú. De nada.

Voy andando por Malasaña y me encuentro a Rafael Berrio.

—Rafael Berrio —le digo cuando estoy junto a él.

—¡Hombre! Me suenas, ¿tú quién eras?

—Rafael Sarmentero.

—Ah, hombre, sí. Amigo de Karmelo [Iribarren] y Roger [Wolfe]. Hace tiempo que no sé de ti, ¿sigues en Facebook?

—Sí.

—Pues… Y, ¿seguro que nos seguimos?

—Mmm… La verdad es que creo que sí, pero no estoy seguro.

No nos seguíamos. Lo acabo de agregar.

Berrio me cuenta que está en Madrid porque Jonás Trueba —el hijo de Fernando— estrena una película en cuya banda sonora ha participado él.

A Rafael Berrio lo descubrí hace tres o cuatro años gracias a Roger Wolfe, que me lo recomendó.

—Me gustó mucho tu disco 1971 —le digo—. Especialmente las canciones «Cómo iba yo a saber» y «Mis amigos».

Berrio y yo nos despedimos. Entra en un bar asturiano. Ha quedado con Trueba Jr. Feliz estreno.

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