24 postales de Costa Rica (1)

Lo explícito no es literatura.

Alberto Olmos

1

Buenas carreteras y edificios esmerados en el trayecto del aeropuerto al hotel. San José no es La Habana ni El Cairo. Tal vez pertenezca a ese desconocido Segundo Mundo.

2

Carne picada. Beicon humano. Así puede definirse el tipo de compañeros del grupo con el que viajamos. Pantorrillas peludas, tatuajes, jerga de Móstoles. En resumen: feos vocacionales.

3

Los inodoros son de ésos en los que el agua nunca se termina de retirar y queda siempre un incómodo remanente que anega la mitad de la cavidad de loza.

4

En Costa Rica trabajan mucho la alambrada de espinos para impedir que indeseados trepen a los primeros pisos.

5

Arroz con judías para desayunar, para redesayunar y para comer, entre otras cosas. El café, colado y con un chorro de leche. Muy rico.

6

En Tortuguero avistamos: cocodrilos, perezosos, monos araña, garzas, iguanas, tucanes, basiliscos… Lo que más me sorprende: el canto cibernético de la oropéndola de Moctezuma y la potencia y timbre de los monos aulladores.

7

Anochece junto al canal y me pican dos mosquitos: uno atraviesa el pantalón vaquero a la altura de la rodilla. El otro me chulea atacándome en la mano, a cinco centímetros de la pulsera antipicaduras que llevo y que acaba de probar su ineficacia.

8

Por la noche, el ya clásico show de María. Esta vez se trata de que no puede dormir con salamandras en el bungalow. Hay dos. Tras avisar en recepción y que venga un tío a echarlas —solo lo consigue con una—, se duerme finalmente confiando en que la otra, huida o escondida, no haga acto de presencia en plena noche.

9

El pueblo de Tortuguero es pequeño, colorido y limpio. El Caribe aparece con grises agitados y olas provenientes de frentes opuestos que rompen al alimón dibujando una cuña. Plantadas en la arena, dos heterodoxas porterías construidas con troncos. Un perro canela nos sigue y nos observa. Después se marcha. Lo vemos al fondo, jugando, solitario, a entrar y salir del agua. Me da un poco de pena.

10

Yo no soy misántropo. Solo digo que hay que tener mucho estómago y mucha piedad para haber dejado embarazada a esa cosa.

11

Día de transporte. Primero barca, luego autobús y finalmente minibús. Bastante agotador. Desde el hotel se pueden contemplar unas espléndidas vistas del volcán, aunque no cuando llegamos, que llueve y ya es prácticamente de noche.

12

En la habitación, nuevo show de María, como no puede ser de otra manera. Hay bichos. Fiel también a la costumbre, acaba haciendo que acuda personal del hotel a la habitación. En este caso, para que se deshagan de unas polillas y nos ayuden a colocar la mosquitera, que es bastante engorrosa.

2022-05-07

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