1Q86

Para Karim Chergui

Soñé que estaba en el Estadio Azteca.
El sol caía justicieramente
y él marcaba ese gol tan trascendente
que iba a hacer inmortal la videoteca.

La gloria, sin virtud, siempre está hueca,
y el Karim, que era el Diego de la gente
—soñando hasta lo igual es diferente—,
les pedía perdón con una mueca.

Mi pierna buena es la cabeza, dijo.
Y entonces se bajó del crucifijo
y todos se rindieron a sus pies:

el Maradona diestro de Melilla,
con la mano de Dios por coronilla,
dejando en el camino a tanto inglés.

* * *

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