19 días y 500 noches no es una buena canción

Me pasó a mí. Te pasó a ti: la primera vez que escuchamos 19 días y 500 noches exclamamos: ¡Qué maravilla de canción!

Nos pasó a todos.

Tras aquella rumba, tras aquel disco, la figura de Joaquín Sabina se agigantó. El Flaco pasó de ser un cantautor español de renombre a un mito universal y eterno.

Pero ¿de verdad es tan buena la canción?

Sus virtudes son innegables. Sin embargo, un análisis más concienzudo nos llevará a darnos cuenta del terrible atentado sintáctico que se perpetra en el estribillo:

Y eso que yo
Para no agobiar con
Flores a María
Para no asediarla
Con mi antología
De sábanas frías
Y alcobas vacías
Para no comprarla
Con bisutería
Ni ser el fantoche
Que va, en romería
Con la cofradía
Del santo reproche
Tanto la quería
Que tardé en aprender
A olvidarla diecinueve días
Y quinientas noches

¿Y eso que tú, para no [retahíla de acciones], tanto la querías? ¿La querías para no agobiarla con flores? ¿La querías para no asediarla con tu antología de sábanas frías y alcobas vacías? ¿La querías para no comprarla con bisutería ni ser el fantoche que va, en romería, con la Cofradía del Santo Reproche? ¿La querías para no…? ¡No la querías para no! ¿Qué sentido tiene esta frase, Joaquín?

Te contesto yo: ninguno.

Lo has comentado en diversas entrevistas. La cita no era tuya, decías; aunque te gustaría que lo fuera, añadías:

Una buena canción es: un buen texto, una bella melodía, un buen arreglo, una hermosa interpretación, y algo más, que nadie sabe lo que es, pero es lo único que importa.

Pero con este sinsentido que constituye el estribillo, ¿podemos afirmar realmente que se trata de una buena letra?

Sencillamente, nos la colaste, Joaquín Sabina. Nos la colaste en mil novecientos noventa y nueve. Y hemos tardado veinte años en darnos cuenta de que 19 días y 500 noches no es una buena canción.

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