¿POR QUÉ SIEMPRE YO?

Estudio los ritmos de los versos para mi próximo poema. Quiero hacer algo distinto. Se habla de cinco tipos de ritmo principales. Pero después de todo —razono— un anfibráquico no es más que un dactílico con una anacrusis. Y lo mismo sucede con el anapéstico. El ritmo —concluyo— viene marcado únicamente por el número de sílabas átonas que hay entre dos tónicas. Nada más. Y quien diga lo contrario, miente.

Lo único importante en una relación es que la relación funcione. Lo único. Ésa es la idea que comunica la película Si la cosa funciona. Y yo no puedo estar más de acuerdo.

[2016/09/18 20:46] Pelo y troceo un mango por primera vez. Nivel de dificultad: 9.

He quedado con H para lijar y barnizar unas cajas de madera.

Has leído bien: He quedado con H, a la que sólo he visto una vez en mi vida —en esa ocasión la cita consistió en ir a comprar una cafetera de émbolo, ya ves tú, qué ocurrencia— para lijar y barnizar unas cajas que uso a modo de estanterías.

Mientras tanto, la gente normal ha quedado para tomar cañas en La Latina. Para fumar porros en El Retiro. Pero yo no soy normal. No lo he sido nunca y nunca lo seré. Y me encanta no serlo. Me encanta no ser otro me-levanto-desayuno-como-y-me-acuesto, que diría Padre. Por eso yo soy interesante y tú no. Tú puedes seguir despertándote a la una con resaca, comer a las cuatro de la tarde, beber agua de la nevera y nunca darles vueltas a las cosas porque eso sería rayarse. Yo también puedo ser vulgar. Puedo ver una serie, jugar al fútbol y comer tortilla de patatas. La diferencia es que para mí eso sólo es una opción.

«La mayoría de la gente lleva gafas.» (H.)

Las cajas —era de esperar— no habían sido selladas. A falta de tapa poros, la madera absorbe el barniz con una celeridad pasmosa. Lo obtenido —apenas una coloración heterogénea— dista de lo deseado. Pero qué importa, siempre hay que intentarlo. Cualquier cosa antes que el estatismo. Una cruz indica una tumba pero también un tesoro.

«Me has sorprendido», dice H. «No eres egocéntrico.» Tal vez lo sea. Lo que pasa es que, en mi caso, escribir se parece más a pensar que a hablar. Y cuando pienso soy egocéntrico, soy egoísta y soy egotista. Porque no se trata de que me crea el mejor. Se trata de que soy el mejor. Sin la menor duda. Y es que hay dos cualidades que nunca me han abandonado: la capacidad de entusiasmarme y la autoconfianza.

Igual que sucede cuando conduzco, es la ausencia de miedo lo que me preocupa. Esta confianza que siento al saberme capaz de cualquier cosa no se limita a mí. No sólo me juego todas mis fichas por mí; también lo hago por ciertas personas, por ciertas causas. Hay que darlo todo. Yo no quiero fracasar en pequeño. Eso es para los tibios, para los mediocres. Yo, si fracaso, quiero fracasar a lo grande, a lo bestia. Un fracaso de proporciones bíblicas, épico, total, indiscutible. «Juégate entero contra cualquier cosa», como dijo el poeta. Las personas inteligentes tienen intuiciones. Los genios tenemos convicciones. Nunca he estado tan seguro de algo como cuando no tenía suficientes motivos para estarlo.

Según la ONU, hay ciento noventa y cuatro países. Aún me quedan por visitar ciento ochenta y cinco. Queda tanto por viajar. Queda tanto por leer. Queda tanto por pensar. Queda tanto por decir.

Un día de esta semana, en principio, quedaré para cenar pizza argentina en Lavapiés.

Ayer terminé la séptima versión de mi novela 8888. Le daré una última revisión e intentaré que me la editen.

¿POR QUÉ SIEMPRE YO?

«WHY ALWAYS ME?» (Lema que exhibió Mario Balotelli en su camiseta en el derbi contra el Manchester United en octubre de 2011.)

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